Vart y Vartoohi comen trigo junto a los gorriones bajo un árbol, mientras la anciana se aleja con su olla vacía.

Tradición armenia · colección de Cilicia/Tauro y Erzurum · Relato tradicional

El gorrión y los dos hermanos

Relatos armenios · testimonio inglés de 1898

5 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Vart tenía seis años y su hermana Vartoohi, cinco. Su madre, Varteni, había muerto. Su padre Vartan volvió a casarse con una mujer que tenía un hijo de cuatro años.

Vartan era un campesino acomodado y quería a sus hijos. Les llevaba ropa bonita, comida rica, juguetes y regalos. La madrastra los envidiaba y quería deshacerse de ellos para reservarle todo a su propio hijo.

A escondidas hirvió las semillas que su marido iba a sembrar. El trigo no brotó. Sin cosecha, Vartan tuvo que pedir dinero prestado. Al año siguiente, ella repitió el engaño. Las deudas crecieron tanto que el hombre perdió la esperanza de vivir del campo y se fue a otros países a buscar trabajo.

Eso era lo que su esposa esperaba. Mientras daba carne y pasteles a su hijo, a Vart y Vartoohi solo les entregaba un puñado de trigo hervido.

En una cocina de aldea, una mujer da carne y pasteles a su hijito, mientras dos niños flacos esperan junto a la puerta con un poco de trigo en las manos.

Un día decidió llevarlos al río con el pretexto de bañarlos y ahogarlos allí.

Los hermanos comían su escasa ración en un rincón del patio. Un gorrión saltaba alrededor y piaba sin parar. Vart quiso tirarle una piedra para matarlo, pero Vartoohi lo detuvo. Prestaron atención al pájaro y les pareció entender lo que decía.

—Pequeños huérfanos, denme unos granos para mis crías y les daré un buen consejo.

Le arrojaron un poco de trigo. El gorrión lo llevó al nido y volvió.

—¡Corran! Su madrastra quiere llevarlos hoy al río para ahogarlos. ¡Corran!

Dos niños agachados en un rincón del patio escuchan con asombro a un gorrión posado sobre una piedra frente a ellos.

El pájaro se fue. Poco después llegó la mujer.

—¡Levántense, sucios! Vamos al río a bañarlos.

—Ve primero, mamá. Nosotros vamos después.

En cuanto pudieron, los hermanos huyeron hacia las montañas. La mujer no salió a buscarlos. Ellos caminaron por el bosque hasta la noche y se refugiaron en el tronco hueco de un viejo sicómoro. Repitieron la oración que les había enseñado su madre y se durmieron abrazados.

Los dos hermanos duermen abrazados dentro del tronco hueco de un árbol enorme, bajo la luz de la luna.

Al amanecer volvió el gorrión.

—¡Vengan a comer! Hay trigo hervido para ustedes.

Lo siguieron hasta un árbol. Una anciana llegó con una olla llena de trigo, la vació en el suelo y se marchó. Se reunió una multitud de gorriones, y los dos niños se sentaron a comer con ellos.

La anciana llevaba comida todos los días en memoria de sus hijos y nietos, que habían muerto pequeños y a quienes había querido mucho. Creía que aquellos pájaros eran los espíritus de sus niños. Así, Vart y Vartoohi vivieron mucho tiempo junto a los gorriones.

Un día, el príncipe salió a cazar y los encontró. Los llevó al palacio, les tomó cariño y los adoptó como hijo e hija. Toda la corte los quería por su carácter amable. Sin embargo, ellos estaban tristes.

Un príncipe a caballo se inclina con una sonrisa hacia dos niños que se levantan del pasto entre gorriones.

—¿Qué les pasa, hijos? —preguntó el príncipe.

—Queremos ver a nuestro papá, que se fue lejos —respondió Vart.

—Y al gorrión que nos ayudó —agregó Vartoohi.

El príncipe mandó buscar a Vartan. Sus enviados lo encontraron y lo llevaron de regreso. El padre castigó a su esposa por su maldad y abrazó a sus hijos. El príncipe también lo recibió en la corte y le dio trabajo como mensajero.

En una galería de piedra, un hombre arrodillado abraza a dos niños bien vestidos mientras el príncipe los mira sonriente.

Pero ¿quién podía encontrar al gorrión? Un día llegó por su cuenta y se posó en la ventana de los niños.

—Tuvieron compasión de mis crías y me dieron alimento. Ahora el cielo les concedió tantos bienes. Que sigan siendo felices y bendecidos.

El príncipe agradeció sus servicios y le permitió hacer el nido bajo el alero del palacio.

Desde una ventana del palacio, dos niños sonrientes ofrecen granos a un gorrión posado en el alféizar; arriba, un nido bajo el alero.

Según este relato, todos los gorriones que hoy anidan bajo los aleros descienden de aquel pájaro bondadoso. Seamos buenos también con los gorriones: pueden traernos algún bien.

Fin

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Otro cuento no leído al azar

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Para reflexionar

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Con chicos

Para conversar con chicos

Vartoohi impide que lastimen al gorrión y los dos comparten la poca comida que tienen. Después el pájaro los protege. En el palacio no les basta tener cosas: extrañan a su padre y a quien los ayudó. La seguridad también necesita vínculos queridos.

  • ¿Qué les sigue faltando a los hermanos cuando ya están seguros en el palacio?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La red de cuidado une pérdidas distintas: una anciana alimenta a los pájaros por sus muertos y, sin saberlo, sostiene a dos niños vivos. La adopción palaciega no reemplaza automáticamente los afectos anteriores. La reunión final depende de que el príncipe escuche una tristeza que la abundancia no resolvió.

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