Avstriyat señala el barranco al jinete blanco mientras sostiene su hoz entre las gavillas de centeno.

Ucraniana · antología de Erben, mediación inglesa de Wratislaw · Relato tradicional

Avstriyat y los jinetes de la tormenta

Ucraniana · adaptación de fuente histórica

3 min de lectura9+ años · edad orientativa
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En nuestro pueblo hubo un hombre llamado Avstriyat. Era un brujo capaz de apartar la lluvia y el granizo cuando quería.

Una vez estábamos segando en el campo y se acercó una nube. Todos nos apuramos a recoger las gavillas, pero él siguió cortando, con la pipa entre los labios.

—No tengan miedo. No va a llover.

Y no llovió.

Mientras los segadores corren con gavillas bajo una nube, el viejo Avstriyat sigue segando con la pipa en la boca.

Otra vez, y esto lo vi con mis propios ojos, estábamos cosechando centeno cuando el cielo se puso negro. Se levantó el viento. Primero silbó a lo lejos; después, encima de nuestras cabezas. Hubo truenos, relámpagos y remolinos. ¡Dios mío, que se haga tu voluntad!

Nosotros corrimos a buscar las gavillas. Avstriyat repitió:

—No tengan miedo. No va a llover.

—¿Cómo que no?

No le hicimos caso. Él terminó de fumar y siguió segando tranquilamente.

Bajo un cielo negro con relámpagos, los segadores corren mientras Avstriyat, sereno, vacía su pipa en medio del viento.

Entonces llegó al galope un hombre vestido de negro, sobre un caballo negro. Fue derecho hacia Avstriyat.

—¡Dame permiso!

—No.

—¡Dame permiso, ten piedad!

—No. No podríamos poner a salvo una cosecha tan grande.

El jinete negro se inclinó ante él y se alejó por el campo.

Un jinete vestido de negro, sobre un caballo negro, se inclina ante Avstriyat, que niega con la cabeza mientras los segadores miran asombrados.

La nube oscura se volvió gris y después blanca. Los mayores temieron que cayera granizo. Avstriyat seguía cortando y fumando, como si nada.

Llegó otro jinete, todavía más rápido que el primero. Este iba vestido de blanco y montaba un caballo blanco.

—¡Dame permiso! —gritó.

—No.

—¡Por Dios, dame permiso!

—No. No podríamos guardar tanta cosecha.

—¡Déjame! ¡No aguanto más!

Solo entonces Avstriyat cedió.

—Bueno, ve. Pero únicamente al barranco que está más allá de la llanura.

Apenas lo dijo, el jinete desapareció. El granizo cayó como si lo volcaran de un canasto. En menos de una hora llenó el barranco hasta los bordes.

Desde el campo intacto, Avstriyat y los segadores miran cómo el granizo llena un barranco lejano.
Fin

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Otro cuento no leído al azar

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Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Cuentos ilustrados

Lecturas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia.

Con chicos

Para conversar con chicos

Avstriyat no solo detiene una tormenta: al final elige dónde puede caer el granizo. Los otros cosechadores no saben lo que está pasando y tratan de salvar su trabajo.

  • ¿Qué detalle muestra la cantidad de daño que podía haber causado esa granizada en el campo?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La voz del testigo insiste en que vio lo ocurrido, mientras la tormenta adquiere interlocutores que piden permiso. El poder de Avstriyat se mide por la cosecha protegida, aunque el barranco debe recibir toda la descarga.

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