Una joven y su familia remontan en canoa un río del norte entre abedules otoñales y montañas nevadas.

Nordeste de América del Norte · Mi’kmaq · Relato tradicional

La joven convertida en chenoo

Relatos wabanaki · testimonio histórico de 1884

4 min de lectura16+ años · edad orientativa
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En los tiempos antiguos, diez familias subieron en canoa por un afluente del Saguenay que se internaba hacia el norte, en la tierra de hielo y nieve. Era otoño y pensaban pasar allí todo el invierno cazando.

Entre ellas iba una joven de veinte años. Un muchacho quiso casarse con ella, pero ella lo rechazó. Él decidió vengarse.

Conocía artes mágicas. Se internó en el bosque y recogió una hierba que volvía insensibles a las personas. Esa noche, cuando todos dormían, entró a escondidas y la sostuvo junto a la cara de la joven hasta que ella quedó sumida en un sueño profundo. Después hizo una bola de nieve y la puso en la base de su garganta. Se retiró sin que nadie lo descubriera. Mientras ella no podía despertar, el frío le llegó al corazón.

En la penumbra de una vivienda de corteza, junto a un fuego casi apagado, un joven de mirada fría acerca un manojo de hierbas al rostro de una muchacha dormida; en la otra mano sostiene una bola de nieve.

A la mañana estaba enferma, temblaba y no quería comer. Pasaron los días. Sus padres le preguntaban qué tenía, pero ella respondía de mal humor que no le pasaba nada.

Un día fue a buscar agua al manantial y tardó tanto que su madre salió a buscarla. La vio sin ser vista: la joven estaba comiendo nieve con avidez.

Junto a un manantial helado, una joven arrodillada come nieve con avidez; detrás de un abedul, su madre la observa asustada con la mano sobre la boca.

—¿Por qué haces eso?

La hija explicó que sentía un ardor por dentro y que la nieve la aliviaba. Además, la deseaba: le gustaba su sabor.

Pocos días después empezó a volverse feroz. Sentía ganas de matar. Su naturaleza estaba cambiando contra su voluntad. Aunque había querido mucho a sus padres, ahora temía matarlos y les pidió que acabaran con su vida.

—¿Cómo podríamos hacerlo? —preguntó su madre.

—Disparen siete flechas. Si logran matarme, todo terminará. Si no, yo los voy a matar.

Dentro de la vivienda, una joven pálida, con un brillo helado en el rostro, levanta las manos hacia sus padres, que lloran del otro lado del fuego.

Siete hombres se colocaron frente a ella, que estaba sentada en la vivienda, sin ataduras. Cada uno disparó siete veces. Las flechas la alcanzaron en el pecho, pero ella siguió inmóvil; de vez en cuando levantaba la mirada y les sonreía para animarlos. Solo al recibir la última, la cuadragésima novena, cayó muerta.

Quemaron el cuerpo como ella había indicado. Todo quedó reducido a cenizas salvo el corazón, hecho del hielo más duro. Les llevó mucho tiempo quebrarlo y derretirlo.

Un poder maligno la había convertido poco a poco en chenoo, un ser feroz e invencible. Ella había comprendido lo que le pasaba sin poder impedirlo.

Las familias abandonaron el lugar y, según el relato, nunca regresaron. Temían que hubiera quedado algún fragmento sin consumir y que de él naciera otra chenoo capaz de matar a quienes encontrara.

Una fila de canoas de corteza se aleja río abajo entre orillas nevadas; desde la más cercana, los padres miran con tristeza el campamento vacío.
Fin

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Detrás de esta historia.

Imagen simbólica: Un libro abierto ante una costa de bosque, con una canoa pequeña y varias hojas separadas que sugieren fuentes distintas.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y editor de la fuente inglesa

Charles Godfrey Leland

Charles Godfrey Leland reunió The Algonquin Legends of New England, publicado en 1884. El libro recoge relatos mi’kmaq, passamaquoddy y penobscot por medio de narraciones, manuscritos y colaboradores identificados. Leland seleccionó y reelaboró ese material; algunos capítulos combinan versiones o declaran cambios....

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Con chicos

Para conversar con chicos

Esta historia es muy dura y no es para la primera infancia. Para lectores de la edad indicada, puede servir conversar sobre algo claro: la joven tiene derecho a rechazar un matrimonio, y la agresión que recibe no es culpa suya. Las transformaciones mágicas del cuento no describen lo que les pasa a las personas que están enfermas o necesitan ayuda.

  • ¿Qué decisión de la joven debería haber sido respetada?
  • ¿Por qué es importante distinguir una creencia del relato de una explicación sobre personas reales?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La violencia comienza con la represalia de un pretendiente rechazado y termina recayendo sobre el cuerpo de la víctima. El desenlace no castiga al agresor ni ofrece reparación. Además, las flechas son una decisión de Leland: reemplazó armas de fuego para sugerir antigüedad. Esa modificación muestra por qué un testimonio histórico mediado no debe presentarse como una voz oral intacta.

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