Mpunzanyana escucha al damán junto al sendero mientras sus acompañantes esperan detrás.

Cabo oriental · recopilación de George McCall Theal (1886) · Cuento tradicional

Cinco Cabezas

Relatos del Cabo oriental recogidos por Theal

6 min de lectura14+ años · edad orientativa
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Un hombre cruzó el río para visitar una aldea. Allí supo que el jefe buscaba esposa. Al regresar se lo contó a sus dos hijas.

—Yo quiero ir —dijo la mayor, Mpunzikazi.

El padre reunió a sus amigos para acompañarla, pero ella insistió en viajar sola. Él le recordó que una novia solía llegar con una comitiva. Mpunzikazi no cambió de idea, y finalmente la dejó partir.

En el camino apareció un ratón.

—¿Quieres que te muestre por dónde seguir?

—Apártate de mi vista —respondió ella.

El ratón le advirtió que así no tendría éxito. Más adelante, una rana le ofreció la misma ayuda. Mpunzikazi dijo que alguien que iba a casarse con un jefe no tenía por qué hablar con ella.

Una joven orgullosa sigue de largo por un sendero con un gesto de desprecio, sin mirar a la rana y al ratón que la observan desde el suelo.

Cuando se sentó a descansar bajo un árbol, se acercó un chico que cuidaba cabras. Le preguntó adónde iba y le pidió algo de comer. Ella lo echó. El chico le dijo que, si seguía de ese modo, no regresaría.

Junto a una piedra encontró a una anciana.

—Vas a pasar entre árboles que se ríen: no te rías con ellos. Vas a encontrar una bolsa de leche espesa: no comas. Y si un hombre lleva la cabeza debajo del brazo, no aceptes su agua.

Mpunzikazi la insultó y siguió caminando. Cuando los árboles rieron, ella también rio. Comió de la leche y bebió el agua que le ofreció el hombre con la cabeza bajo el brazo.

En un bosquecillo de árboles retorcidos que parecen reír, la joven se ríe con ellos mientras come leche espesa de una bolsa de cuero.

Al llegar al río de la aldea encontró a una joven sacando agua. Era la hermana del jefe, aunque Mpunzikazi no lo sabía.

—¿Adónde vas, hermana?

—¿Quién eres para llamarme hermana? Voy a casarme con el jefe.

La joven intentó indicarle otra entrada al pueblo, pero Mpunzikazi no se detuvo a escucharla.

En la aldea se sorprendieron de que llegara sola. Le explicaron que el jefe regresaría por la noche y le dieron mijo para prepararle comida. Ella lo molió grueso e hizo un pan áspero.

Al anochecer se oyó un viento enorme. Era el jefe que se acercaba: una serpiente de cinco cabezas y grandes ojos, llamada Makanda Mahlanu. Mpunzikazi se asustó. Él se instaló ante la puerta y pidió la comida.

Una serpiente gigantesca de cinco cabezas se alza en la puerta de una choza al anochecer mientras la joven retrocede asustada junto a un pan tosco.

Probó el pan y dijo:

—No vas a ser mi esposa.

Después la golpeó con la cola y la mató.

Tiempo más tarde, Mpunzanyana, la hermana menor, le dijo a su padre que ella también quería casarse con un jefe. Él volvió a reunir una comitiva y esta vez la joven salió acompañada.

Un ratón le ofreció mostrarle el camino.

—Te lo agradezco —contestó Mpunzanyana.

El ratón les indicó por dónde ir. En un valle, una anciana le avisó que más adelante el sendero se dividía: debía elegir el pequeño. Mpunzanyana prometió hacerlo y tomó ese camino.

En un valle donde el sendero se divide, una anciana señala el camino angosto y Mpunzanyana la escucha con respeto mientras su comitiva espera.

Luego apareció un damán, un pequeño animal de las rocas.

—La aldea está cerca. Trata amablemente a la muchacha del río. Muele bien el mijo que te den y no te asustes cuando veas al jefe.

Mpunzanyana escuchó. Al llegar al río, le explicó a la hermana del jefe que viajaba con una comitiva para presentarse como novia. La joven le preguntó si tendría miedo de su esposo y ella dijo que no.

Le señalaron la casa donde debía quedarse y dieron alimento a sus acompañantes. La madre del jefe le entregó el mijo. Mpunzanyana lo molió con cuidado y preparó el pan.

Mpunzanyana muele mijo con paciencia sobre una piedra plana mientras la madre del jefe la observa desde la puerta de la choza.

Al caer la noche, el viento sacudió la casa hasta derribar sus postes. Ella se quedó. Makanda Mahlanu llegó y pidió la comida. Esta vez el pan le gustó.

—Vas a ser mi esposa —dijo, y le dio muchos adornos.

Mpunzanyana, serena, ofrece un pan redondo a la serpiente de cinco cabezas, que inclina sus cabezas y deja adornos de cuentas a sus pies.

Después, Cinco Cabezas se convirtió en hombre. Mpunzanyana siguió siendo la esposa a la que más quería.

Fin

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Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Un libro abierto, hojas sueltas con manchas de color y una pluma bajo un árbol, ante un paisaje de agua y montañas.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y editor

George McCall Theal

George McCall Theal dirigió la recopilación y edición de relatos del Cabo oriental publicada en la edición de 1886 que consultamos. En su prefacio reconoce el trabajo de narradores, copistas y revisores locales, muchos sin nombre individual. Las historias proceden principalmente de...

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Ideas para compartir una vez que termina la historia.

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Con chicos

Las hermanas reciben ayudas distintas y reaccionan de formas opuestas. Eso permite comparar sus viajes, sin confundir los malos modos de la mayor con una razón para que la maten.

  • ¿Qué personas y animales ayudan a la menor?
  • ¿Qué le preguntarías a la hermana del jefe sobre lo que ocurre en esa aldea?

Una mirada adulta

La repetición organiza una oposición entre rechazo y escucha. Sin embargo, la violencia del jefe excede cualquier falta de cortesía: el relato histórico resuelve el viaje de la menor sin reparar la muerte de la mayor. La transformación final cambia su aspecto y deja sin discutir su poder.

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