Un cuervo enorme lleva al antiguo pescador de regreso a su casa junto al río.

Provincias lao del Siam histórico · Fleeson (1899) · Cuento tradicional

El pescador que olvidó al cuervo

Un viaje hacia la riqueza y otro de regreso

3 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Un pescador pobre llevaba varios días sin atrapar nada. Estaba sentado, pensando con tristeza en su suerte, cuando Punya In, el dios de la sabiduría, bajó de su morada celeste convertido en cuervo.

—¿Quieres dejar esta vida de pescador y vivir con comodidad? —le preguntó.

—Lo deseo muchísimo —respondió el hombre.

El cuervo le hizo una seña para que se acercara y le habló de una provincia lejana. Su chow, el gobernante, acababa de morir.

—Puedo darte esa provincia y todas las posesiones del gobernante —dijo—, si prometes recordar siempre lo que haga por ti.

—Nunca lo olvidaré. Nunca —aseguró el pescador.

Junto al río, un pescador triste mira hacia arriba y junta las manos ante un cuervo enorme posado en un poste.

El cuervo lo cargó sobre el lomo y voló hasta la provincia. Lo dejó junto a la puerta de la ciudad y entró solo. Fue a la casa del chow, retiró su cuerpo y puso al pescador en su lugar.

Cuando el recién llegado se movió, las personas que velaban al muerto lo oyeron.

—¡Nuestro chow ha vuelto a la vida! —gritaron.

En un salón iluminado por velas, el pescador vestido de seda se incorpora sobre una plataforma mientras la gente arrodillada levanta los brazos de alegría.

La alegría recorrió la ciudad. Durante muchos años, el pescador gobernó la provincia y disfrutó de todas las riquezas de su antecesor.

Pero el tiempo fue borrando su agradecimiento. Se olvidó del cuervo que lo había llevado hasta allí. Empezó a expulsar a esas aves de los arrozales y llegó a intentar que no quedara un solo cuervo dentro de su provincia.

Bajo una sombrilla, el gobernante señala el cielo mientras sus sirvientes espantan una bandada de cuervos de los arrozales.

Punya In vio lo que sucedía. Volvió a tomar forma de cuervo, bajó del cielo y se posó cerca del hombre que había sido pescador.

—Chow, ¿te gustaría ir a un lugar donde todo sea placer y alegría? —le preguntó.

—Llévame —respondió él.

El cuervo lo subió otra vez a su lomo y alzó vuelo. Pero no lo llevó a un nuevo palacio. Lo dejó en la casa pobre donde había vivido antes, junto a su antigua vida de pescador.

Allí tuvo que quedarse para siempre.

En el porche de su vieja choza junto al río, el antiguo pescador, con ropas de seda arrugadas, sostiene su red mientras a lo lejos se aleja el cuervo.
Fin

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Con chicos

El pescador no solo olvida dar las gracias: termina expulsando a las aves que le recuerdan a su benefactor. El segundo viaje se parece al primero, pero va en dirección contraria. Podemos mirar qué sabe cada personaje cuando acepta subir al lomo del cuervo.

  • ¿Qué cambia en el pescador entre el primer viaje y el segundo?
  • ¿Por qué la promesa de más alegría puede convencer a alguien que ya tiene tantas riquezas?

Una mirada adulta

El poder se obtiene mediante una sustitución que la comunidad interpreta como resurrección. La gratitud queda como única condición personal de una autoridad que nadie eligió, y la persecución de los cuervos rompe ese vínculo. El regreso a la pobreza revoca el privilegio sin mostrar qué sucede con la provincia ni con quienes fueron gobernados; ese límite ayuda a distinguir el castigo individual de una reparación colectiva.

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