El hechicero se eleva con las joyas mientras el hombre que quiso arrebatárselas queda abajo.

Provincias lao del Siam histórico · Fleeson (1899) · Cuento tradicional

El hechicero y las dos joyas

Una promesa que no sobrevivió a la abundancia

4 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Un hombre pobre iba por el camino pidiendo comida. Mientras caminaba, repetía casi como un canto:

—Si alguien me da de comer hasta que quede satisfecho, nunca olvidaré su bondad ni su mérito.

Se cruzó con un hechicero, que quiso saber qué decía. El hombre repitió su promesa.

—La gente de estos tiempos olvida los beneficios que recibe —contestó el hechicero.

—Yo no los olvidaría —aseguró el hombre.

—Sigue tu camino, hijo.

En un camino entre arrozales, el hombre pobre con su cuenco le habla con fervor al anciano hechicero, que lo escucha con escepticismo.

El hombre continuó andando y repitiendo las mismas palabras. Poco después encontró un perro. También el perro le preguntó qué decía y escuchó su respuesta.

—Las personas olvidan —le advirtió—. Cuando yo era joven y fuerte, cuidaba la casa y las tierras de mi amo. Ahora soy viejo y ni siquiera me deja pasar por su puerta. Me insulta, me pega y no me da comida. Se olvidó de todo lo que hice.

Bajo unos bambúes, un perro viejo y flaco mira con tristeza al hombre pobre, que lo escucha en cuclillas.

El caminante siguió. Más adelante encontró un búfalo y volvió a explicar su promesa.

—Cuando tenía fuerzas, yo araba los campos para que mi amo tuviera arroz —dijo el animal—. Entonces parecía agradecido. Ahora que ya no puedo trabajar, me echó para que muera lejos de él.

En un campo seco, un búfalo viejo y flaco baja la cabeza mientras el hombre pobre le apoya una mano en el cuello.

Desalentado por lo que había oído, el hombre regresó junto al hechicero.

—¿Tú recordarías siempre un beneficio? —le preguntó este.

—¡Nunca lo olvidaría! —juró.

El hechicero le mostró dos joyas.

—Si me pongo esta en la boca, puedo volar como un pájaro. La otra concede lo que uno desea cuando la tiene en la boca. Esa segunda joya te la doy a ti.

En la galería de una casa sobre pilotes, el hechicero muestra dos piedras brillantes y le ofrece la dorada al hombre, que agradece arrodillado.

El hombre la recibió con palabras de agradecimiento. Deseó salud y felicidad a su benefactor y prometió pedir siempre bendiciones para él. Luego volvió a su casa. Gracias a la joya, todos sus deseos de riqueza se cumplieron.

Los vecinos quisieron saber de dónde salía tanta abundancia.

—Un hechicero me dio una joya —les explicó—. Me la pongo en la boca y consigo cuanto quiero. Pero todavía tiene otra, con la que se puede volar. Vengan conmigo: lo mataremos y esa joya será de todos.

Frente a una casa nueva, el hombre ya rico, vestido de granate, les susurra a dos vecinos mientras señala una colina lejana.

Los vecinos aceptaron. Juntos se acercaron a la casa del hechicero. Al ver entre ellos al hombre que había ayudado, el dueño lo llamó.

—¿Por qué no viniste a visitarme, hijo?

—No tuve tiempo. Estuve muy ocupado —respondió el hombre.

El hechicero conocía sus intenciones.

—¿Por qué quieres matarme?

—Dame la joya que te queda o te mataré —lo amenazó el beneficiado.

—¿Trajiste la joya de los deseos? Muéstramela primero.

Al pie de la casa del hechicero, el hombre rico lo amenaza; el anciano, sereno en lo alto de la escalera, extiende la mano.

Ansioso por conseguir la otra, el hombre extendió la que llevaba. El hechicero ya se había puesto en la boca la joya que permitía volar. Le arrebató la joya de los deseos y se elevó en el aire.

Se fue con las dos. Abajo quedaron el hombre y sus vecinos, sin ninguna.

Fin

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Para reflexionar

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Con chicos

El perro y el búfalo cuentan experiencias concretas de abandono. El hombre asegura que será distinto, pero cuando obtiene riquezas decide atacar a quien lo ayudó para conseguir todavía más. Agradecer puede expresarse con palabras; la historia pregunta qué ocurre cuando las decisiones posteriores las contradicen.

  • ¿Qué tienen en común las experiencias del perro y del búfalo?
  • ¿Cómo usa el hechicero las dos joyas para escapar sin entregar ninguna?

Una mirada adulta

La narración contrapone una promesa reiterada con dos testimonios de vidas valoradas solo mientras producen utilidad. La riqueza no satisface al beneficiario: abre el deseo de un recurso adicional y una alianza para apropiárselo por la fuerza. La huida evita la muerte y revoca el regalo, pero no vuelve sobre los animales abandonados; sus destinos quedan fuera de la reparación final.

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