Una joven observa a un pequeño hombre que hila paja convertida en oro.

Hermanos Grimm · Cuento maravilloso

Rumpelstiltskin

El nombre que nadie sabía

6 min de lectura12+ años · edad orientativa
Empieza la historia

Selecciona un párrafo para guardar tu lugar. Con el teclado, usa Tab y luego Enter.

Un molinero quiso impresionar al rey y aseguró que su hija sabía convertir la paja en oro. Lo dijo como quien agrega un adorno a una conversación, pero el rey lo tomó muy en serio.

—Tráela mañana. Quiero ver esa habilidad.

La joven no sabía hacer tal cosa. Sin embargo, al día siguiente la encerraron en una habitación llena de paja, con una rueca y un carrete. El rey le advirtió que, si al amanecer no había convertido todo en oro, moriría. Después cerró la puerta con llave.

Una joven está sentada frente a una rueca con el carrete vacío, rodeada de paja en una habitación de piedra.

La muchacha se sentó frente a la rueca. Tocó la paja áspera, miró el carrete vacío y empezó a llorar. De pronto apareció un hombrecito.

—¿Por qué lloras?

Ella le contó la exigencia del rey.

—¿Qué me das si hago el trabajo por ti?

La joven se quitó el collar. El hombrecito lo guardó y se sentó. La rueca zumbó. A cada vuelta, la paja se transformaba en un hilo de oro. Cuando llegó la mañana, toda la paja se había convertido en oro.

El rey quedó maravillado, pero su codicia creció. Llevó a la hija del molinero a otra habitación, más grande y todavía más llena de paja. Repitió la amenaza y volvió a encerrarla.

El hombrecito regresó esa noche. Esta vez pidió el anillo que ella llevaba en el dedo. La joven se lo entregó y la rueca volvió a cantar hasta el amanecer.

La hija del molinero ofrece un anillo al hombrecito sobre una mesa, en una habitación llena de paja.

Ni siquiera aquello satisfizo al rey. La tercera habitación era enorme.

—Si transformas también esta paja —le dijo—, te voy a hacer reina.

El hombrecito apareció como las noches anteriores. Pero la muchacha ya no tenía collar, anillo ni ninguna otra cosa para ofrecerle.

—Entonces prométeme tu primer hijo, si llegas a ser reina.

En una habitación enorme llena de paja, la joven muestra las manos vacías mientras el hombrecito, de pie sobre un fardo, le exige una promesa.

Ella estaba aterrada. No veía ninguna salida y aquel futuro le parecía tan lejano que aceptó. El hombrecito hiló el oro. El rey cumplió su palabra y se casó con la hija del molinero.

Pasó un año y nació un bebé. La reina había dejado de pensar en aquellas habitaciones cuando el hombrecito entró de nuevo.

—Vengo por lo que me prometiste.

Ella lo miró con horror. Le ofreció riquezas, joyas, todo lo que poseía. Él rechazó cada oferta. La reina lloró tanto que el hombrecito cedió en una cosa.

—Te doy tres días. Si descubres mi nombre, puedes quedarte con tu hijo.

La reina sostiene a su bebé mientras escucha al hombrecito en una estancia del palacio.

Durante la primera noche, la reina recordó todos los nombres que había oído. Mandó mensajeros por el reino para reunir más. Cuando el hombrecito regresó, ella probó uno tras otro: Gaspar, Melchor, Baltasar, nombres de reyes, de jardineros y de criados.

—No es mi nombre —respondía él siempre.

Al segundo día llegaron nombres extraños, nombres antiguos, apodos que parecían inventados. La reina los dijo todos. Ninguno sirvió.

Vista sobre el hombro del mensajero: la reina, con el ceño fruncido, sostiene al bebé envuelto en una manta clara y levanta la mirada hacia él.

Ya casi terminaba el tercer día cuando volvió un mensajero que había llegado hasta el borde del bosque.

—No encontré nombres nuevos —dijo—. Pero vi algo raro. Había una casita en una montaña y, delante, una fogata. Un hombrecito bailaba en una sola pierna y cantaba que pronto tendría al hijo de la reina. Después gritó, muy contento, que nadie sabía que se llamaba Rumpelstiltskin.

El hombrecito baila sobre una pierna junto a una fogata, mientras un mensajero lo observa desde el bosque.

La reina cerró los ojos de alivio. Cuando llegó su visitante, se obligó a hablar con calma.

—¿Te llamas Conrado?

—No.

—¿Enrique?

—No.

Ella sostuvo a su hijo contra el pecho.

—Entonces, ¿será Rumpelstiltskin?

El hombrecito lanzó un grito. Gritó que alguien tenía que haberle revelado el secreto. Furioso, golpeó el suelo con un pie hasta hundirlo en la tierra. Tiró del otro con tanta violencia que su propio cuerpo se partió en dos.

La reina sostiene al bebé contra el pecho y mira con firmeza a Rumpelstiltskin, que grita y levanta un pie para golpear el suelo.

La amenaza terminó allí. La reina siguió abrazando al bebé, que no sabía nada de ruecas ni de pactos. Había pasado tres días buscando una palabra. Ahora podía callarse y escuchar su respiración.

La reina sostiene a su bebé dormido en una estancia tranquila iluminada por la luz de una ventana.
Fin

¿Una historia para recordar?

Puedes volver siempre que quieras.

¿Seguimos con otra?

Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Otras voces, otras lecturas

Más allá del cuento.

Los Grimm: cuando el oro era el problema

En sus notas, los Grimm registran una variante sorprendente: una niña recibe lino para hilar, pero solo consigue producir oro y eso la entristece. El hombrecito ofrece sacarla de esa dificultad. La comparación muestra que el prodigio puede ser deseado en una versión y convertirse en un problema en otra.

Jacob y Wilhelm Grimm · Household Tales, notas a «Rumpelstiltskin» · edición de la traducción: 1884 · Traducción de Margaret Hunt
«The Grimms’ Notes For the Tale», párrafo «A fifth story begins»

Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Cuentos ilustrados

Lecturas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia.

Con chicos

Una mentira del molinero deja a su hija frente a una tarea imposible y una amenaza de muerte. El hombrecito la ayuda, pero cada ayuda tiene un precio mayor. Cuando reclama al bebé, ella busca nombres y manda mensajeros hasta encontrar una salida. Puedes seguir quién decide en cada escena y discutir el final violento, que termina con esa amenaza sin explicar qué pasa con el rey.

  • ¿Qué opciones tiene la joven cuando acepta los tratos y cómo influyen las amenazas en su decisión?
  • ¿Qué personaje te gustaría escuchar después del final y qué le preguntarías?

Una mirada adulta

Los pactos nacen de una desigualdad extrema: el molinero presume, el rey exige oro y la hija arriesga la vida. El hombrecito la salva de una amenaza para reclamar después algo que ella acepta cuando apenas puede imaginar un futuro. Descubrir su nombre rompe ese dominio: la figura que conocía el precio de todo queda expuesta por una palabra propia. Sin embargo, el desenlace concentra la violencia en Rumpelstiltskin y deja fuera de escena la responsabilidad del rey. La protagonista conserva a su hijo y su corona, pero el ascenso no deshace el poder que la había encerrado junto a la rueca.

Preferencias de lectura

Tamaño de texto
21 px

¿Qué quieres leer?

Escribe al menos 2 caracteres.