Hansel y Gretel descubren una casita de dulces entre los árboles.

Hermanos Grimm · Cuento maravilloso

Hansel y Gretel

Una casa demasiado dulce

7 min de lectura10+ años · edad orientativa
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En una casa al borde del bosque vivían un leñador, su mujer y los dos hijos del hombre, Hansel y Gretel. Eran tan pobres que, cuando llegó una temporada de hambre, el pan se volvió una preocupación de la mañana a la noche. Una noche, mientras los chicos parecían dormir, la mujer propuso llevarlos al bosque y dejarlos allí. El padre se resistió; después, vencido por sus palabras y por el miedo, aceptó.

De noche, junto a la mesa vacía, la madrastra convence al leñador mientras Hansel y Gretel escuchan despiertos desde la cama.

Gretel empezó a llorar en silencio. Hansel le apretó la mano.

—Espera. Voy a encontrar la manera de volver.

Salió sin hacer ruido y llenó sus bolsillos de piedritas blancas. A la mañana siguiente, cuando los mayores los llevaron entre los árboles, fue dejando caer una cada pocos pasos. Llegaron a un claro, encendieron una fogata y recibieron un pedazo de pan. El padre dijo que iría a cortar leña. Durante horas los chicos escucharon golpes y creyeron que seguía cerca; pero el ruido lo hacía una rama que el hombre había atado a un tronco para que el viento la moviera.

Al anochecer estaban solos. Gretel quiso salir corriendo. Hansel le pidió que aguardara a la luna. Cuando la luz plateada tocó el suelo, las piedras brillaron una detrás de otra. Los hermanos siguieron el camino hasta su casa. El padre los abrazó con un alivio tan grande que no podía hablar.

Hansel y Gretel siguen de la mano una hilera de piedras blancas por un sendero del bosque.

La comida volvió a faltar. Hubo otra conversación nocturna y otra decisión terrible. Esta vez la puerta estaba cerrada y Hansel no pudo buscar piedras. Por la mañana desmigó el pan que le habían dado y dejó un rastro. Los llevaron mucho más lejos; esperaron junto al fuego, se quedaron dormidos y despertaron bajo un cielo oscuro. Cuando quisieron regresar, no encontraron una sola miga: los pájaros se las habían comido.

Hansel y Gretel buscan el rastro desaparecido entre las hojas; unos pájaros se llevan las últimas migas de pan.

Caminaron hasta que les dolieron los pies. Al tercer día, un pajarito blanco cantó desde una rama y los condujo hasta una casa extraordinaria. El techo parecía un pastel, las paredes eran de pan y las ventanas brillaban como azúcar. Hansel arrancó un pedacito del techo; Gretel probó una esquina de la ventana.

—¿Quién está mordiendo mi casita? —preguntó una voz desde adentro.

Una anciana salió apoyada en un bastón. Les habló con dulzura, los hizo pasar y les dio comida y dos camas limpias. Los chicos, agotados, creyeron que por fin estaban a salvo. Pero la anciana era una bruja: había construido aquella casa para atraer niños.

Una anciana con bastón invita a Hansel y Gretel a entrar en una casa de pan y azúcar.

Antes del amanecer encerró a Hansel detrás de unos barrotes. A Gretel la despertó a gritos y la obligó a preparar comida para su hermano. Quería engordarlo para comérselo. Cada mañana le ordenaba al chico que sacara un dedo entre las rejas. Como veía muy poco, Hansel le ofrecía un huesito que había encontrado. La bruja lo tocaba y protestaba: por mucho que comiera, aquel chico seguía flaco.

Hansel sostiene un huesito entre los barrotes mientras la anciana lo toca; Gretel prepara comida al fondo.

Pasaron varias semanas. Finalmente perdió la paciencia.

—Flaco o gordo, mañana me lo como.

Gretel lloró mientras cargaba agua. Al día siguiente la bruja encendió el horno y le ordenó que asomara la cabeza para comprobar si estaba caliente. La niña comprendió lo que pretendía.

—No sé cómo se hace —dijo—. ¿Me muestras?

—¡Así, tonta! La abertura es enorme.

La bruja se inclinó. Gretel reunió todas sus fuerzas, la empujó adentro y cerró la puerta de hierro. La bruja murió allí. La chica corrió hasta la jaula, abrió el cerrojo y gritó el nombre de su hermano. Se abrazaron y, por un rato, no hicieron otra cosa.

Hansel y Gretel se abrazan junto a la puerta abierta de una jaula en el interior de la casa.
Gretel cierra con todas sus fuerzas la puerta de hierro del horno mientras Hansel la mira desde la jaula.

En la casa encontraron cofres llenos de perlas y piedras preciosas. Llenaron sus bolsillos y salieron al bosque. Ya no siguieron al pajarito: buscaron por su cuenta, descansaron cuando hizo falta y se animaron mutuamente. Un río ancho les cortó el paso. Una pata blanca nadaba cerca; Gretel le pidió ayuda. Hansel quiso subir con su hermana, pero ella dijo que el animal no podría cargar a los dos. Cruzaron de a uno.

Gretel espera en una orilla mientras Hansel la saluda desde la otra y una pata blanca nada entre ambos.

Al otro lado reconocieron los árboles. Después apareció el sendero y, al final, su casa. El padre salió a recibirlos. Desde que los había abandonado no había tenido un día de paz. Su mujer había muerto durante la ausencia de los chicos.

Hansel vació sus bolsillos sobre la mesa. Gretel sacudió el delantal, y las joyas saltaron sobre la madera. Aquella noche comieron juntos. El bosque seguía junto a la casa, pero esta vez ninguno de los dos tuvo que preguntarse si al despertar habría alguien dispuesto a llevarlos lejos.

Los hermanos muestran perlas y piedras preciosas a su padre sobre una mesa de madera en su casa.
Fin

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Los Grimm: una casa que cambia de dueño

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Jacob y Wilhelm Grimm · Household Tales, notas a «Hansel and Grethel» · edición de la traducción: 1884 · Traducción de Margaret Hunt
«The Grimms’ Notes For the Tale», primeros dos párrafos

Para reflexionar

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Con chicos

Las piedritas funcionan, las migas desaparecen y la casa que parece un regalo es una trampa. Hansel y Gretel van cambiando de plan porque lo que saben no siempre alcanza. También cambia quién encuentra la salida: Gretel libera a su hermano y después piensa cómo cruzar el río. Puedes seguir esas pequeñas decisiones y conversar sobre el regreso a una casa donde antes los habían abandonado.

  • ¿Qué decisión de cada hermano te parece más importante para que puedan volver, y por qué?
  • ¿Qué te gustaría que el padre les dijera cuando llegan a casa?

Una mirada adulta

El hambre amenaza la casa, pero el abandono se construye mediante decisiones y engaños: el padre incluso fabrica el ruido que hace creer a sus hijos que sigue cerca. La casa comestible repite esa traición bajo otra apariencia de amparo. Frente a los adultos que los abandonan o intentan devorarlos, el cuidado circula entre los hermanos: las piedras de Hansel, la astucia de Gretel y su atención al peso que puede cargar la pata. La riqueza final pone fin a la escasez, sin borrar lo ocurrido. El regreso reúne a la familia después de una salida violenta; la confianza no queda restituida con la misma claridad que el alimento.

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