Nasrudín estaba en su cuarto, en el piso de arriba, cuando un hombre golpeó la puerta de la casa.
—¿Qué quieres? —preguntó desde arriba.
—Baja.
Nasrudín bajó enseguida y volvió a preguntar qué quería. El hombre era un mendigo.
—Te pido una limosna —dijo.
—Sube —respondió Nasrudín.
Cuando el mendigo llegó arriba, Nasrudín le dijo:
—Que Dios te ayude.
—Señor, ¿por qué no me dijiste eso abajo?
—Y tú, cuando yo estaba arriba, ¿por qué me hiciste bajar?


