Nasrudín y su esposa fueron a la orilla de una laguna para lavar la ropa. Apenas habían empezado a golpearla contra el suelo y enjabonarla, llegó un cuervo, tomó el jabón y se fue volando.
—¡Nasrudín! ¡El cuervo se llevó el jabón! —gritó ella.
—No digas nada —respondió él—. Ya estaba bastante sucio después de usarlo nosotros. Que se lo lleve y lo lave.


