Nasrudín estaba acostado cuando, a medianoche, se oyó un alboroto en la calle, frente a su puerta.
—Levántate y enciende una vela —le dijo a su esposa—. Voy a salir a ver.
—Mejor quédate adentro.
Pero Nasrudín no le hizo caso. Se echó la colcha sobre los hombros y salió.
Un hombre lo vio, le arrancó la colcha y escapó corriendo. Nasrudín volvió a entrar, tiritando de frío.
Su esposa le preguntó qué había causado el ruido.
—Era por nuestra colcha —respondió—. En cuanto la consiguieron, se terminó el alboroto.


