Un hombre del campo llegó a casa de Nasrudín y le regaló una liebre. Nasrudín lo recibió con mucha cortesía y le dio caldo para comer.
Una semana después el hombre volvió. Nasrudín pareció no recordarlo.
—¿Quién eres?
—El que te trajo la liebre.
Nasrudín volvió a agasajarlo.
Unos días más tarde llegaron varios hombres que querían que los atendiera.
—¿Quiénes son ustedes?
—Los vecinos del hombre que te trajo la liebre.
Pocos días después apareció un grupo entero.
—¿Y ustedes quiénes son? —preguntó Nasrudín.
—Los vecinos de los vecinos del hombre que te trajo la liebre.
—Sean bienvenidos.
Nasrudín les puso delante una jarra grande de agua pura.
—¿Qué es esto? —preguntaron.
—El agua del agua de la liebre.


