Una tortuga asoma en el pozo de Wayambeh junto al escudo delantero y las armas que dejó en la orilla.

Río Narran, Nueva Gales del Sur, Australia · atribución histórica de Parker · Relato tradicional

Wayambeh y los dos escudos

Relatos del río Narran · recopilación de Parker

4 min de lectura14+ años · edad orientativa
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Oolah, la lagarta, buscaba ñames en una llanura de arbustos mirrieh. Llevaba consigo a tres de sus hijos. De pronto creyó oír pasos y se detuvo a escuchar.

Wayambeh salió de detrás de un arbusto y la sujetó.

—No hagas ruido y no te voy a lastimar. Te llevaré a mi campamento para que seas mi esposa. También llevaré a tus hijos y los cuidaré.

Oolah solo tenía su palo de cavar. Él llevaba lanzas y otras armas. No pudo resistirse y Wayambeh se la llevó con los niños.

En una llanura de arbustos, Wayambeh camina armado delante de Oolah, que lo sigue con temor junto a sus tres hijos.

Al verlo llegar, los suyos le preguntaron si el grupo de Oolah se la había entregado.

—No. La robé —respondió.

Le advirtieron que vendrían a buscarla y que él tendría que defenderse solo.

—No nos avisaste. Teníamos una joven de nuestro propio grupo para ti, y fuiste a llevarte a una Oolah. No vamos a pelear por lo que hiciste.

Poco después vieron acercarse a los Oolah por la llanura. No traían mujeres ni ramas de paz. Llevaban pintura de guerra y armas de combate.

El jefe de los Wayambeh repitió que no lo ayudarían y le ordenó salir a enfrentar sus propias consecuencias.

Wayambeh eligió los dos escudos más grandes. Se colgó uno delante del cuerpo y otro en la espalda. Tomó sus armas y avanzó hacia sus enemigos.

Wayambeh se ata un gran escudo al pecho y lleva otro en la espalda, mientras su gente se aparta y a lo lejos se acercan guerreros.

—¡Vengan! —gritó todavía a cierta distancia.

Le respondieron con una lluvia de lanzas y bumeranes. Él escondió los brazos detrás de los escudos y metió la cabeza entre ambos. Las armas rebotaron sin herirlo.

Wayambeh se agazapa con la cabeza y los brazos escondidos entre sus dos escudos, mientras lanzas y bumeranes rebotan a su alrededor.

Volvió a estirar los brazos y levantar la cabeza.

—¡Prueben otra vez! ¡Estoy listo!

Recibió otra descarga y se protegió del mismo modo. Pero los Oolah fueron cerrando el círculo. Lo obligaron a retroceder hacia el arroyo y se acercaron tanto que ya no tuvo salida por tierra.

Se quitó el escudo delantero, dejó caer sus armas y se lanzó al agua.

Wayambeh se lanza al arroyo con un escudo en la espalda, mientras sus perseguidores llegan a la orilla con las lanzas en alto.

Sus enemigos esperaron con las lanzas preparadas, atentos al momento en que sacara la cabeza. Esperaron en vano. No volvieron a ver al hombre Wayambeh.

En el pozo apareció una criatura extraña. Llevaba una estructura fija sobre el lomo, semejante a un escudo. Cuando intentaban atraparla, recogía la cabeza y las patas.

—Es Wayambeh —dijeron.

Así cuenta el relato que comenzaron las tortugas en los arroyos.

Fin

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Con chicos

Para conversar con chicos

Wayambeh toma una decisión que pone en peligro a otras personas y espera enfrentarse al resultado con sus escudos. Podemos hablar de por qué tener fuerza o prometer cuidado no da derecho a llevarse a alguien. Al final, el gesto de esconderse se convierte en una característica de la tortuga.

  • ¿Qué diferencia hay entre invitar a alguien y llevárselo sin que pueda negarse?
  • ¿Qué partes de la defensa de Wayambeh reconocen sus perseguidores en la tortuga?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La comunidad niega apoyo al raptor, pero su argumento incluye la falta de consulta y un matrimonio ya previsto, no una declaración moderna de autonomía individual. Mantener ese límite evita atribuirle una posición que la fuente no expresa. La transformación conserva el escudo de la espalda y el gesto defensivo. El cierre sigue al agresor que escapa; no relata de forma explícita el destino posterior de Oolah y sus hijos.

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