Las armas talladas y una manta de Mooregoo se dispersan en la inundación, frente al refugio de corteza.

Río Narran, Nueva Gales del Sur, Australia · atribución histórica de Parker · Relato tradicional

Mooregoo y la visita de Bahloo

Relatos del río Narran · recopilación de Parker

2 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Mooregoo, el búho mopoke, llevaba mucho tiempo acampando solo. Había fabricado bumeranes, garrotes, lanzas, escudos y mantas de piel.

Tallaba las armas con dientes de zarigüeya australiana. Pintaba el interior de las mantas con dibujos de colores y las cosía firmemente con tendones, usando como aguja un pequeño hueso de la pata de un emú. Al mirar todo lo que había hecho, se sentía orgulloso.

Al atardecer, Mooregoo talla un bumerán junto al fuego, rodeado de armas, escudos y mantas de piel pintadas.

Una noche llegó Bahloo, la Luna.

—Préstame una de tus mantas.

—No presto mis mantas —respondió Mooregoo.

—Entonces regálame una.

—No regalo mis mantas.

Bahloo miró las armas tan bien talladas.

—Dame alguna de tus armas.

—Nunca le doy a otro lo que hice.

De noche, un hombre luminoso pide con la mano extendida y Mooregoo aprieta una manta contra el pecho y aparta la cara.

La noche estaba fría. Bahloo volvió a pedir una manta prestada, y Mooregoo respondió que ya había hablado: no prestaba sus mantas.

Bahloo no insistió más. Se fue, cortó corteza y construyó un refugio para sí mismo. Apenas estuvo terminado y él quedó protegido adentro, empezó a llover a cántaros.

Bahloo mira la lluvia desde la entrada de su refugio de corteza, mientras a lo lejos Mooregoo queda a la intemperie.

La lluvia no cesó hasta inundar toda la tierra. Mooregoo murió ahogado. Sus armas flotaron, se dispersaron y fueron arrastradas lejos. Las mantas se pudrieron en el agua.

Fin

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Otro cuento no leído al azar

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Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

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Con chicos

Para conversar con chicos

Mooregoo dedicó mucho trabajo a sus objetos y se siente orgulloso. Bahloo pide abrigo porque tiene frío. Podemos conversar sobre cuidar lo propio y escuchar lo que otro necesita, sin tomar el final terrible como un castigo que merezca una persona por decir que no.

  • ¿Qué sabemos del trabajo que Mooregoo puso en sus objetos?
  • ¿Qué otras respuestas podría haber buscado ante la necesidad de abrigo?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La descripción inicial reconoce destreza, paciencia y belleza antes de presentar la negativa. Así, la pérdida final destruye algo más que una acumulación abstracta. La llegada de la lluvia después del refugio de Bahloo invita a leer una sanción, pero la fuente no declara que él la provoque. Mantener esa diferencia permite examinar la secuencia sin agregar una causalidad explícita.

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