Beeargah y Ouyan llegan al río con los niños y sus bolsas de agua mientras dos hombres nadan hacia ellas.

Río Narran, Nueva Gales del Sur, Australia · atribución histórica de Parker · Relato tradicional

Beeargah y Ouyan cruzan el río

Relatos del río Narran · recopilación de Parker

4 min de lectura14+ años · edad orientativa
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Goomblegubbon, la avutarda, vivía lejos del río con sus dos esposas, Beeargah, el halcón, y Ouyan, el zarapito. Con ellas estaban los dos hijos de Beeargah. Las mujeres y los chicos tenían un campamento; él, otro cercano. Toda el agua provenía de un pequeño pozo en el suelo.

Un día ellas le pidieron prestada la piedra dayoorl para moler semillas y hacer durrie. Él se negó. Se la pidieron varias veces, sin resultado. Sabían que no la estaba usando: su propia torta ya se cocinaba entre dos fuegos.

Goomblegubbon apoya el brazo sobre la piedra de moler y se niega, mientras sus dos esposas le reclaman con las manos vacías.

Entonces decidieron marcharse.

—Haremos bolsas de agua con pieles. Cuando salga a cazar, llenaremos las bolsas, vaciaremos el pozo y nos iremos con los chicos. Cuando vuelva y encuentre todo vacío, lamentará habernos negado la piedra.

Consiguieron animales, prepararon las pieles y apartaron el pelo para hacer cuerdas. Limpiaron el cuero, lo cosieron con tendones y dejaron una abertura en el cuello. Inflaron las bolsas, las ataron y esperaron varios días a que se secaran.

Cuando estuvieron listas, eligieron un día en que Goomblegubbon había salido. Las llenaron de agua, vaciaron lo que quedaba en el pozo y partieron con los niños hacia el río.

Las dos mujeres llenan bolsas de piel y vacían el pequeño pozo mientras los niños sostienen las bolsas llenas.

Después de una larga marcha llegaron a la orilla. Dos hombres las vieron desde el otro lado y nadaron hasta ellas. Les preguntaron de dónde venían y adónde iban.

—Nos escapamos de Goomblegubbon. No nos prestaba la piedra para moler. No podemos vivir solo de carne y temíamos pasar hambre con nuestros hijos. No sabemos adónde ir, pero tiene que ser lejos: si nos encuentra, puede matarnos.

Los hombres dijeron que buscaban esposas. Cada uno propuso casarse con una de ellas y ambos se comprometieron a cuidar a los niños. Las mujeres aceptaron.

Como venían de una zona sin arroyos, no sabían nadar. Los hombres cruzaron primero con un niño cada uno y después volvieron por las mujeres.

Dos hombres cruzan el río a nado llevando un niño cada uno sobre los hombros, mientras las mujeres esperan en la orilla.

Goomblegubbon regresó de cazar. Llamó y nadie contestó. Encontró vacío el campamento y seco el pozo. Luego vio las huellas que iban hacia el río.

Tomó sus lanzas y las siguió, furioso, diciendo que las mataría cuando las encontrara.

Al llegar vio un campamento en la otra orilla. Allí estaban sus esposas, los chicos y dos hombres desconocidos. Él tampoco sabía nadar. Gritó para que lo ayudaran a cruzar, pero nadie respondió.

Se quedó hasta que cayó el sol y durmió donde estaba. A la mañana siguiente, el campamento de enfrente había sido abandonado y quemado. También habían quemado los alrededores, de modo que, aun si hubiera cruzado, no habría podido encontrar las huellas.

Al amanecer, Goomblegubbon mira desde la orilla el campamento quemado y abandonado del otro lado del río.

Goomblegubbon nunca volvió a ver ni a saber de las mujeres y los niños.

Fin

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Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

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Lecturas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia.

Con chicos

Para conversar con chicos

Las mujeres preparan su salida durante varios días. Necesitan agua, recipientes y una forma de cruzar el río con los chicos. Puedes seguir cómo cada preparación resuelve un problema concreto. También podemos hablar de por qué compartir una herramienta puede ser importante para que otras personas coman.

  • ¿Qué cosas deben estar listas antes de salir?
  • ¿Cómo se organizan para que todos lleguen a la otra orilla?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

El control de una herramienta de molienda afecta una dieta y sostiene una dependencia. La huida combina saber material, planificación y un nuevo acuerdo de cuidado, mientras la distancia fluvial se vuelve una barrera efectiva contra la amenaza. El relato no exige a las mujeres regresar para obtener una disculpa. Su cierre consiste en cortar el acceso y las huellas, no en reformar al perseguidor.

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