Un ciervo guía a su manada por un sendero apartado bajo la luz de la luna.

Tradición de los jātakas de la India, según la versión de Ellen C. Babbitt · Cuento tradicional

Los dos ciervos y el camino de regreso

Guiar también es elegir la hora

3 min de lectura10+ años · edad orientativa
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Dos ciervos vivían con sus padres y con grandes manadas en un bosque. Se llamaban Hermoso y Pardo. Cuando los cultivos de los campos cercanos empezaron a madurar, su padre los llamó.

—Llegó una época peligrosa —les dijo—. Los hombres ponen trampas para impedir que comamos lo que cultivan. Cada año quedan muchos ciervos atrapados.

Les explicó que las manadas jóvenes debían ir a las colinas, donde había alimento suficiente. Los padres y algunos ciervos mayores se quedarían en el bosque: para ellos alcanzaría la comida que quedaba lejos de los campos.

—Cada uno va a guiar a su grupo —continuó—. Viajen de noche y eviten los pueblos. Esperen en las colinas hasta que termine la cosecha. Después podrán regresar.

En un claro del bosque, un ciervo viejo de grandes astas habla a sus dos hijos; uno escucha atento y el otro mira hacia los campos.

Los hermanos partieron con sus manadas.

Hermoso esperó la oscuridad para ponerse en marcha. Cuando distinguía un pueblo, buscaba otro camino. A veces el rodeo era más largo, pero mantenía al grupo apartado de los lugares donde podían verlo los cazadores. Llegó a las colinas sin perder un solo ciervo.

Pardo hizo el viaje de otra manera. Salía temprano y continuaba durante el día. Cuando encontraba casas, llevaba la manada junto a ellas en vez de alejarse. Los cazadores los veían pasar y mataban a muchos de los animales.

A pleno sol, un ciervo oscuro guía a su manada junto a un pueblo mientras dos cazadores con arcos se levantan entre el pasto.

Los que lograron llegar permanecieron en las colinas hasta el final de la cosecha. Después emprendieron el regreso.

Hermoso volvió a elegir la noche y los caminos apartados. Su manada avanzó junta, y todos alcanzaron el bosque donde los esperaban los mayores.

Al amanecer, Hermoso sale del bosque al frente de una larga fila de ciervos y sus padres se acercan a recibirlo.

Pardo tampoco cambió su manera de viajar al volver. Otra vez caminó de día y otra vez pasó cerca de los pueblos. En el camino murieron más ciervos.

Cuando finalmente apareció entre los árboles de su hogar, solo quedaba una pequeña parte de su manada.

Al anochecer, el ciervo oscuro regresa cabizbajo seguido solo por tres ciervos, mientras su hermano y su padre lo miran con tristeza.

Los dos hermanos habían salido hacia las mismas colinas y regresado al mismo bosque. Pero detrás de uno estaban todos los que habían partido con él; detrás del otro había demasiados lugares vacíos.

Fin

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Detrás de esta historia.

Imagen simbólica de la narración de los jātakas: un libro abierto hacia un bosque, un ciervo y un conejo.
Ilustración de su mundo literario

Adaptadora de la fuente inglesa

Ellen C. Babbitt

Ellen C. Babbitt preparó Jataka Tales (1912) y More Jataka Tales (1922), dos libros ingleses que vuelven a narrar historias de la tradición budista de los játakas para lectores jóvenes. Sus escenas de animales, viajes y decisiones dieron forma a las fuentes...

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Con chicos

Los dos ciervos escuchan el mismo consejo y eligen caminos distintos. Uno espera la noche y se aleja de las aldeas; el otro lleva a su grupo por lugares peligrosos. El cuento termina con pérdidas que no se pueden arreglar simplemente volviendo a casa.

  • ¿Qué decisiones ayudan al grupo de Hermoso durante el viaje?
  • ¿Qué podría decir el padre al recibir a los dos grupos?

Una mirada adulta

La narración compara decisiones de conducción y muestra sus efectos sobre quienes siguen a cada guía. La repetición del riesgo en el regreso agrava las pérdidas y pone la atención en la posibilidad de aprender durante el camino. El cierre deja un espacio para pensar la responsabilidad sin reducir a los demás animales a una cifra.

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