Un jinete mira un tronco caído en el camino bajo la luz de la luna.

Chile · Talca a Pelqui, según la fuente · Ramón A. Laval (1923) · Leyenda tradicional

Las sombras del camino

Cuentos de la colección de Ramón Laval

3 min de lectura10+ años · edad orientativa
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Una noche de luna, un hombre salió a caballo desde Talca hacia un lugar que el relato llama Pelqui. Para llegar tenía que atravesar una montaña.

Apenas entró entre los árboles, el caballo se detuvo. Más adelante se veía un cuerpo tendido en el suelo, con los brazos abiertos. El jinete sintió miedo, pero hizo avanzar al animal hasta quedar cerca.

Entonces pudo mirar mejor: no era un muerto. Era el tronco de un árbol caído.

Aliviado, siguió viaje. Poco después distinguió una figura que parecía moverse entre los árboles. El caballo volvió a detenerse. Esta vez el hombre creyó ver un león.

Llevaba un trabuco, una antigua arma de fuego. Lo preparó y disparó. Al mirar de nuevo comprendió que no había ningún león: había disparado contra la sombra que proyectaba la cumbre de un cerro.

De noche, el jinete sostiene un trabuco humeante y descubre que solo había disparado contra la sombra de un cerro.

Por fin terminó de cruzar la montaña y entró en el valle. Allí apareció una mujer vestida de viuda, montada a caballo. Se puso a viajar a su lado.

El hombre la saludó y le hizo algunas preguntas. Ella no contestó. Avanzaron juntos durante un largo trecho, hasta que la mujer saltó desde su caballo y se sentó detrás de él.

El jinete se dio vuelta e intentó tomarla, pero sus manos no encontraron a nadie.

En un camino de álamos iluminado por la luna, el jinete se da vuelta y estira el brazo hacia atrás, donde solo queda el rastro de un velo negro que se desvanece.

Continuó el camino. Un poco más adelante vio que algo se elevaba de la tierra, semejante a una nube. Al fijar la vista, creyó distinguir un fantasma.

Echó a correr a toda velocidad, y aquella figura fue detrás. En plena huida encontró una choza y entró con caballo y todo.

El jinete galopa aterrado hacia una choza mientras detrás de él se eleva del campo una columna de niebla con forma de fantasma.

En ese momento empezó a amanecer. La luz le devolvió la calma. No volvió a sentir el mismo terror, pero la impresión de aquella noche lo acompañó durante mucho tiempo.

Dentro de una choza, el jinete, con el sombrero en la mano, se apoya en su caballo mientras entra la luz del amanecer.
Fin

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Detrás de esta historia.

Un cuaderno abierto y una rosa roja junto a una ventana con ramas de naranjo cargadas de fruta.
Ilustración de su mundo literario

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Ramón A. Laval

Ramón Arminio Laval reunió y estudió relatos de la tradición oral chilena. Su libro Cuentos populares en Chile (1923) conserva voces, lugares y expresiones de quienes contaban esas historias. De allí provienen los doce cuentos de esta selección: encuentros con la Calchona,...

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Para reflexionar

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Con chicos

Dos cosas que parecían peligrosas resultan ser un tronco y una sombra. Después aparecen otras que el viajero no consigue explicar. Podemos distinguir qué llega a comprobar y qué queda en duda.

  • ¿Qué descubre cuando se acerca al supuesto cuerpo?
  • ¿Qué cambia cuando empieza a amanecer?

Una mirada adulta

Las primeras falsas alarmas preparan una lectura racional de la noche, pero las apariciones posteriores desbordan esa explicación. El amanecer resuelve el miedo inmediato, no la naturaleza de los encuentros. La memoria conserva lo que la luz ya no muestra.

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