Kudu contempla tres paquetes de comida junto a la fragua de Asanze.

Camerún · Batanga · transmisión banâkâ · Cuento tradicional

Las edades en la herrería

Relatos de la colección de Robert Hamill Nassau

3 min de lectura10+ años · edad orientativa
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Asanze, Alcaudón, era herrero. Los animales de los otros poblados iban a su fragua para trabajar sus herramientas. Al terminar la jornada, las dejaban en el suelo y le proponían siempre el mismo desafío.

—Dinos quién de nosotros es el mayor. Si puedes resolverlo, nos entregas nuestras cosas.

Asanze los observaba con atención. Los miraba de un lado, después del otro, pero todos parecían de la misma edad. No conseguía dar una respuesta. Sus visitantes se iban con las manos vacías y dejaban las herramientas allí, como prenda del desafío.

Bajo el techo de la fragua, el alcaudón inclina la cabeza sobre el yunque y observa a nueve mangostas casi idénticas, con herramientas a sus pies.

La escena se repetía día tras día.

Kudu, Tortuga, era amigo del herrero. Una mañana fue a ayudarlo a mover el fuelle, que avivaba el fuego de la fragua. Antes de salir había preparado tres paquetes de comida, llamados jomba. En uno llevaba carne de civeta con entrañas de antílope rojo; en otro, carne de gineta; en el tercero, una serpiente edubu.

Trabajó en el fuelle hasta que llegó la hora de comer. Entonces sacó el primer paquete.

—Vengan a comer la civeta con entrañas —ofreció.

Algunos se acercaron y eligieron esa comida. Kudu dejó que comieran y levantó el segundo paquete.

—Aquí hay gineta. ¿Quién quiere?

Otro grupo se reunió alrededor de ese plato. Por último, Tortuga abrió el paquete de serpiente.

—Y aquí queda edubu. Vengan a probar.

Los que faltaban se acercaron a comer. Kudu miró quiénes elegían cada alimento y después volvió al trabajo con los demás.

A la sombra de un árbol, nueve mangostas comen en tres grupos alrededor de paquetes de hojas, mientras la tortuga las observa con atención.

Al terminar la jornada, las herramientas seguían en el suelo. Los visitantes se acercaron otra vez a Asanze.

—Muéstranos quién es el mayor.

El herrero le pidió a Tortuga que diera la respuesta. Kudu señaló al primer grupo:

—Los que comieron civeta son los mayores. Los que eligieron gineta son más jóvenes. Y los que comieron serpiente son los menores de todos.

Los visitantes reconocieron que había acertado. Cada uno recogió sus herramientas y, esta vez, todos volvieron a sus poblados con lo que habían venido a buscar.

Al atardecer, la tortuga señala a un grupo de mangostas asombradas mientras el alcaudón, satisfecho, la mira desde el yunque.
Fin

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Ilustración de su mundo literario

Recopilador y traductor

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Robert Hamill Nassau reunió y tradujo al inglés los cuentos de «Where Animals Talk», publicado en 1912. Trabajó con narradores de Libreville, Corisco y Batanga, a través de relatos orales y textos escritos en lenguas locales. Los prólogos distinguen las contribuciones mpongwe,...

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Con chicos

Kudu presta atención a algo que Asanze no había probado observar: las elecciones de sus visitantes. En el cuento esa pista funciona. Fuera del cuento, que alguien elija una comida no alcanza para saber su edad ni cómo es.

  • ¿Qué información nueva aparece durante la comida?
  • ¿Cómo ayudan Asanze y Kudu a resolver juntos el desafío?

Una mirada adulta

El acertijo desplaza la mirada desde una apariencia indistinguible hacia prácticas reconocidas por los personajes. La aceptación final cierra la prueba dentro del mundo narrado. Leer ese cierre como una regla real sobre edades o gustos borraría su carácter situado y fabuloso.

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