Chang’e observa a una liebre de jaspe que muele hierbas en un mortero junto al palacio lunar.

Tradiciones de China · Mito

La dama de la Luna

Una música que vuelve a la Tierra

5 min de lectura8+ años · edad orientativa
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Hubo un tiempo, cuenta esta historia, en que diez soles aparecieron juntos en el cielo. Sus luces se sumaron, y el calor fue tan intenso que las personas ya no podían soportarlo. El emperador Yao llamó entonces a Hou Yi, un príncipe famoso por su fuerza y su puntería.

Hou Yi tomó el arco y disparó. Derribó nueve soles. Quedó uno solo iluminando la Tierra.

Hou Yi acaba de disparar desde una roca; nueve soles atravesados por flechas caen con estelas de humo y uno permanece luminoso en el cielo.

Además de aquel arco, el príncipe tenía un caballo tan rápido que ni el viento podía alcanzarlo. Un día salió de cacería y el animal se lanzó a correr. Hou Yi no consiguió detenerlo. El galope lo llevó hasta la montaña Kunlun, donde encontró a la Reina Madre del Mar de Jaspe.

Ella le entregó una hierba capaz de dar la inmortalidad. Hou Yi la llevó a su casa y la escondió en su cuarto. Pero, mientras él estaba ausente, su esposa Chang’e encontró la hierba y comió un poco a escondidas.

Arrodillada junto a un cofre abierto en el cuarto de Hou Yi, Chang’e prueba a escondidas una ramita de la hierba de la inmortalidad y mira hacia la puerta.

Enseguida sus pies se apartaron del suelo. Chang’e subió entre las nubes, siguió ascendiendo y llegó a la Luna. Allí entró en un palacio. Desde entonces vivió en él, convertida en la dama de la Luna.

Chang’e flota entre nubes, con su manto blanco y vestido de colores suaves, hacia un palacio luminoso.

Mucho tiempo después, durante la dinastía Tang, un emperador compartía vino con dos magos en una noche de mediados de otoño. Uno de ellos tomó su bastón de bambú y lo lanzó al aire. El bastón se transformó en un puente que subía hacia el cielo.

Los tres caminaron por aquel puente hasta llegar a la Luna. Encontraron un palacio de grandes salas, llamado Palacio del Frío de Cristal. A su lado crecía una casia en flor, tan perfumada que su aroma llenaba el aire.

Un emperador de túnica dorada y dos magos cruzan un puente de bambú hacia un palacio de cristal y una casia en flor.

Entre las ramas había un hombre con un hacha. Cortaba los brotes pequeños.

—Este árbol crece muchísimo —explicó uno de los magos—. Si lo dejáramos seguir, terminaría tapando toda la luz de la Luna. Por eso hay que recortarlo una vez cada mil años.

Entraron al palacio. Los pisos se alzaban unos sobre otros como láminas de plata. Muros y columnas parecían hechos de cristal líquido. En las paredes había jaulas y estanques donde aves y peces se movían como si estuvieran vivos. Todo aquel mundo brillaba con una claridad de vidrio.

Chang’e salió a recibirlos con un manto blanco y un vestido de colores de arcoíris.

—Vienes del mundo del polvo —le dijo al emperador—. Es una gran fortuna haber encontrado el camino hasta aquí.

Llamó a sus acompañantes. Llegaron volando sobre pájaros blancos y empezaron a cantar y bailar bajo la casia. La música era tan limpia que cada nota parecía conservar su forma en el aire.

Junto al árbol había un mortero de mármol blanco. Allí una liebre de jaspe molía hierbas: esa figura, decía el relato, ocupaba la parte oscura de la Luna.

Chang’e y tres visitantes observan a bailarinas bajo la casia; una liebre verde muele hierbas en un mortero blanco.

Cuando terminó la danza, el emperador regresó a la Tierra con los dos magos. No pudo llevarse el palacio ni el árbol, pero recordó la música. Mandó escribir las canciones y hacerlas sonar con flautas de jaspe en su jardín de perales.

El emperador escucha a músicos que tocan flautas verdes bajo los perales de su jardín.
Fin

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Con chicos

El emperador vuelve de un lugar imposible con algo que puede compartir: unas canciones. El cuento reúne luces, aromas y sonidos para que imaginemos la Luna de otra manera. Puedes distinguir lo que pertenece a esta historia de lo que conocemos mirando el cielo o estudiándolo. Ninguna de esas miradas necesita borrar a la otra.

  • ¿Qué detalle del palacio te ayuda más a imaginarlo?
  • ¿Por qué te parece que el emperador quiere conservar la música?
  • ¿Qué cambió para Chang’e después de probar la hierba?

Una mirada adulta

El capítulo enlaza el mito del ascenso de Chang’e con una leyenda sobre el origen celeste de una música imperial. El regreso transforma una experiencia privada en una forma compartible, aunque la orden de escribirla provenga del poder. Esta variante tiene rasgos propios: la hierba se consume a escondidas y la casia se poda para preservar la luz. Otras versiones dan motivos y destinos distintos. La Luna reúne aquí una llegada que separa a Chang’e de la Tierra y una visita que permite al emperador regresar con algo nuevo.

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