Un músico toca el violín en el bosque mientras un lobo se acerca a escucharlo.

Grimm · lengua alemana · colección literaria de Jacob y Wilhelm Grimm, mediación inglesa de Margaret Hunt · Relato tradicional

El músico y sus compañeros del bosque

Grimm · lengua alemana · adaptación de fuente histórica

5 min de lectura10+ años · edad orientativa
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Un músico extraordinario caminaba solo por un bosque, pensando en toda clase de cosas. Cuando se le acabaron los pensamientos, empezó a aburrirse.

—Voy a buscarme un buen compañero —decidió.

Sacó el violín que llevaba a la espalda y tocó hasta que la música resonó entre los árboles. Un lobo salió de la espesura y se acercó al trote.

—Un lobo... No era eso lo que quería —pensó el músico.

Pero el animal llegó lleno de admiración.

—¡Qué hermoso tocas! Quisiera aprender.

—Es fácil. Solo tienes que hacer todo lo que te diga.

—Voy a obedecerte como un alumno a su maestro.

Caminaron hasta un roble viejo, hueco y partido por el medio. El músico le indicó que metiera las patas delanteras en la grieta. Cuando el lobo obedeció, tomó una piedra y la encajó de un golpe, dejándole las patas aprisionadas.

—Quédate ahí hasta que vuelva —dijo, y siguió su camino.

Un lobo gris queda con las patas delanteras atrapadas en la grieta de un roble viejo, mientras el músico se aleja por el sendero con el violín bajo el brazo.

Al rato volvió a aburrirse. Sacó el violín y tocó otra vez. Un zorro apareció entre los árboles.

—Tampoco quiero un zorro —pensó.

El animal le pidió que le enseñara a tocar. El músico repitió que solo necesitaba obedecerlo, y el zorro prometió ser un buen alumno.

Llegaron a un sendero bordeado de arbustos altos. El hombre dobló un avellano joven hasta el suelo y sostuvo la punta con el pie. Luego dobló otro arbolito del lado opuesto.

—Dame la pata izquierda si quieres aprender.

La ató a una rama. Después pidió la derecha y la ató a la otra. Comprobó que los nudos estuvieran firmes y soltó los árboles. Estos se enderezaron de golpe y dejaron al zorro colgando, debatiéndose en el aire.

—Espérame ahí —dijo el músico, y se fue.

Un zorro rojo cuelga atado entre dos avellanos jóvenes que se enderezaron, mientras a lo lejos el músico se aleja por el sendero.

Más adelante volvió a sentirse solo y tocó por tercera vez. Acudió una liebre saltando.

—No quiero una liebre —pensó el hombre.

Ella también admiró su música y quiso aprender. Él volvió a exigir obediencia y recibió la misma promesa.

Llegaron a un claro con un álamo temblón. El músico ató un extremo de una cuerda larga al cuello de la liebre y el otro al tronco.

—¡Ahora corre veinte vueltas alrededor del árbol!

La liebre obedeció. A cada vuelta la cuerda se enrollaba más, hasta dejarla atrapada contra el tronco. Cuanto más tiraba, más se le clavaba en el cuello.

—Quédate hasta que vuelva.

Mientras tanto, el lobo empujó, tiró y mordió la piedra durante tanto tiempo que logró liberar las patas. Furioso, salió tras el músico para despedazarlo. El zorro lo vio pasar y gritó:

—¡Hermano lobo, ayúdame! ¡El músico me traicionó!

El lobo dobló uno de los árboles y cortó la atadura con los dientes. Libre el zorro, fueron juntos a vengarse. Encontraron a la liebre, la soltaron también y los tres siguieron buscando al hombre.

En un claro junto a un álamo, un lobo, un zorro y una liebre avanzan juntos con el pelo erizado, siguiendo el rastro del músico.

El músico había vuelto a tocar. Esta vez lo oyó un leñador pobre. La música lo atrajo de tal modo que dejó su trabajo y se acercó con el hacha bajo el brazo.

—Por fin el compañero que buscaba —pensó el músico—. Quería una persona, no un animal salvaje.

Tocó de una manera tan hermosa que el leñador se quedó inmóvil, encantado y feliz.

Sobre una roca con musgo, el músico toca el violín mientras un leñador con el hacha bajo el brazo lo escucha inmóvil y sonriente.

En ese momento llegaron el lobo, el zorro y la liebre. El hombre comprendió que querían atacar al músico. Levantó su hacha brillante y se plantó delante de él, como advirtiendo que quien lo tocara tendría que enfrentarlo primero.

Los animales se asustaron y regresaron al bosque. El músico, agradecido, tocó una vez más para el leñador. Después continuó su camino.

Un leñador levanta su hacha delante del músico y el lobo, el zorro y la liebre huyen asustados hacia el bosque.
Fin

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Con chicos

Para conversar con chicos

Los animales se acercan porque les gusta la música y quieren aprender. El músico se aprovecha de esa confianza para lastimarlos. Tocar muy bien no hace que todas sus acciones sean buenas.

  • ¿Qué parte de la historia no conoce el leñador cuando decide defender al músico?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La belleza artística y el abuso de autoridad no se excluyen aquí. El supuesto maestro exige obediencia para tender trampas, y recibe protección de alguien que solo ha presenciado su talento. Los animales, en cambio, se liberan mediante ayuda mutua.

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