El rostro de la doncella aparece en la Luna y se refleja en el río junto al puente de Vaskjala.

Estonia · tradición y elaboración literaria histórica · Leyenda

La doncella del puente de Vaskjala

Un rostro detrás del velo

4 min de lectura12+ años · edad orientativa
Empieza la historia

Selecciona un párrafo para guardar tu lugar. Con el teclado, usa Tab y luego Enter.

Hace muchos años, al terminar una tarde serena de verano, una joven fue a bañarse cerca del puente de Vaskjala. El calor del día todavía se sentía sobre la tierra, y quería refrescarse en el agua. El cielo estaba despejado. Desde los alisos cercanos llegaba el canto de un ruiseñor.

La Luna ascendió a su pabellón celeste y miró hacia abajo con benevolencia. Su luz se detuvo en la corona de la muchacha, en el pelo dorado y en las mejillas rosadas. La historia decía que el corazón de aquella joven era piadoso e inocente, transparente hasta el fondo como el agua de un manantial.

Una joven de pelo dorado y corona de flores se refresca en la orilla del río, bajo un puente de madera, a la luz de la luna naciente.

De pronto, la muchacha sintió que el corazón le latía más rápido. Una añoranza desconocida se apoderó de ella. Ya no podía apartar los ojos del rostro de la Luna. Según contaba esta leyenda, su bondad y su pureza habían despertado el amor de aquel ser celeste, que quería concederle lo que más deseaba.

Ella guardaba un solo anhelo. Quería dejar el mundo de la tierra y vivir para siempre en lo alto, junto a la Luna. No se atrevía a decirlo; tampoco se animaba a pedir que se cumpliera. Sin embargo, la Luna conocía el pensamiento que la muchacha mantenía en silencio.

Desde abajo, una joven en el puente mira la luna con una mano sobre el corazón y el rostro iluminado.

Volvió a llegar una tarde hermosa. El aire estaba tranquilo y el ruiseñor cantaba otra vez. La Luna se asomó al agua profunda junto al puente de Vaskjala. Pero esta vez no miraba sola: a su lado se reflejaba el rostro de la joven.

Desde entonces, decía el relato, ese rostro puede verse en la Luna. La muchacha vive allí arriba, contenta con su nueva vida. Solo tiene un deseo pendiente: que otras jóvenes de la tierra compartan aquella felicidad.

En las noches claras, sus ojos amables buscan a sus hermanas mortales. Quiere invitarlas como huéspedes. Pero el relato les exige una pureza perfecta, igual a la que atribuye a la doncella del puente, y afirma que ninguna alcanza esa condición. Ninguna puede subir a hacerle compañía.

Tres muchachas caminan de noche por un prado hacia el puente, mientras desde la luna llena las mira el rostro amable de la doncella.

A veces la espera la entristece tanto que cubre su rostro con un velo negro. No deja, sin embargo, de tener esperanza. Piensa que algún día aparecerá una joven lo bastante piadosa e inocente para que la Luna la llame a vivir junto a ella.

Entonces vuelve a descubrirse. Mira hacia la tierra con los ojos risueños, como aquella primera tarde feliz en que contempló desde el cielo el puente de Vaskjala. Su esperanza crece, y el rostro vuelve a iluminar la noche.

Pero incluso las muchachas que la leyenda considera mejores y más sabias se equivocan, se apartan de un camino o toman otro. Bajo aquella exigencia, ninguna resulta merecedora de acompañarla. La doncella vuelve a sentir tristeza, aparta de nosotros la cara y se cubre una vez más con su velo oscuro.

Un velo oscuro cubre a medias la luna llena, donde el rostro triste de la doncella se aparta, sobre el puente y el río vacíos.
Fin

¿Una historia para recordar?

Puedes volver siempre que quieras.

¿Seguimos con otra?

Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

Propuestas de lectura de Cuentos ilustrados

Lecturas de nuestro equipo editorial para seguir pensando la historia.

Con chicos

La muchacha consigue vivir junto a la Luna, pero luego quiere compartir su alegría. El relato imagina que su rostro se descubre y se oculta según tenga esperanza o tristeza. También pone una condición imposible a quienes podrían visitarla: no equivocarse nunca. Podemos reconocer esa condición sin pensar que una persona deba ser perfecta para merecer compañía.

  • ¿Qué deseo aparece después de cumplirse el primero?
  • ¿Cómo cambiaría la espera si sus invitadas pudieran cometer errores?

Una mirada adulta

La imagen luminosa contiene una soledad persistente. La pureza idealizada abre el acceso al cielo para una mujer y lo cierra para todas las demás. Esta adaptación conserva ese mecanismo, con una voz que lo sitúa en el relato histórico en lugar de presentar la superioridad moral de unas mujeres sobre otras como un hecho. Las fases del rostro celeste alternan promesa y frustración, sin resolver el criterio que produce la exclusión.

Preferencias de lectura

Tamaño de texto
21 px

¿Qué quieres leer?

Escribe al menos 2 caracteres.