Una cabra y un leopardo se preparan para luchar mientras otros animales observan el torneo.

Camerún · Batanga · transmisión bapuku de lengua benga · Cuento tradicional

El torneo de cabras y leopardos

Relatos de la colección de Robert Hamill Nassau

4 min de lectura12+ años · edad orientativa
Empieza la historia

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Las cabras enviaron un mensaje a sus vecinos, los leopardos:

—Hagamos un torneo de lucha. Así veremos quiénes tienen más fuerza.

Los leopardos se reunieron para conversar sobre la propuesta. Su jefe no parecía preocupado.

—¿Las cabras? No les veo tanta fuerza. Aceptemos. No van a poder con nosotros.

Sobre una roca al borde de la selva, un leopardo grande hace un gesto de desdén mientras otros seis lo escuchan; a lo lejos se ve una cabra en un sendero.

El día del torneo, los dos grupos llegaron a una calle del poblado. Sonaron los tambores. Hubo canciones y bailes antes de que los luchadores se colocaran frente a frente: treinta parejas, cada una formada por una cabra y un leopardo.

Empezó el primer encuentro. Los dos se midieron, forcejearon y, de pronto, el leopardo quedó tendido en el suelo. Había ganado la cabra.

Entró la segunda pareja. Otra vez lucharon y otra vez el representante de los leopardos terminó vencido.

En el tercer encuentro, el leopardo peleó con desesperación, avergonzado por las derrotas anteriores. La cabra, alentada por las victorias de su grupo, no cedió. También ella logró derribarlo.

En la calle de un poblado, una cabra con grandes cuernos queda erguida junto a un leopardo tendido de espaldas, entre cabras que festejan y leopardos sorprendidos.

Los partidarios de ambos lados seguían tocando. Ahora, del lado de los leopardos, golpeaban los tambores con más fuerza que nunca: querían dar ánimo a quienes ya habían perdido tres veces seguidas.

La cuarta pareja salió a luchar. Esta vez ganó el leopardo. En la quinta, los leopardos consiguieron otra victoria.

—¡Hoy vamos a resolver quiénes son los más fuertes! —anunció el leopardo del sexto encuentro.

El torneo siguió, pareja tras pareja, hasta que participaron las treinta parejas. Al contar el resultado, las cabras habían ganado veinte veces y los leopardos, diez.

Los leopardos se apartaron, llenos de vergüenza.

—Todos los animales van a enterarse —dijeron—. Van a saber que nosotros ganamos diez y las cabras veinte. No podemos seguir viviendo tan cerca de ellas. Cada vez que las veamos pasar, vamos a recordar esto.

Abandonaron su poblado y se internaron en el bosque, lejos de sus rivales. Pero la distancia no les quitó el enojo. Lo guardaron junto con la vergüenza de haber perdido.

Una fila de leopardos se aleja del poblado hacia la selva con la cabeza baja; el jefe mira hacia atrás con rencor.

Por eso, cuenta esta historia, el leopardo ataca a la cabra cuando la encuentra sola. También se vuelve contra otros animales aislados que sabe amigos de las cabras, como los bueyes y los antílopes: sigue descargando sobre ellos la rabia de aquel torneo.

Una cabra pasta sola en un claro soleado mientras, entre las sombras de la selva, un leopardo la observa escondido.
Fin

¿Una historia para recordar?

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Detrás de esta historia.

Tres libros abiertos con manchas de color, un tintero y una pluma; un murciélago cuelga de una rama.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y traductor

Robert Hamill Nassau

Robert Hamill Nassau reunió y tradujo al inglés los cuentos de «Where Animals Talk», publicado en 1912. Trabajó con narradores de Libreville, Corisco y Batanga, a través de relatos orales y textos escritos en lenguas locales. Los prólogos distinguen las contribuciones mpongwe,...

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Para reflexionar

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Con chicos

Las cabras ganan dentro de las reglas del torneo. Los leopardos responden después atacando a quienes encuentran solos. La historia permite distinguir una competencia acordada de la violencia que viene al no aceptar el resultado.

  • ¿Qué señales muestran que los leopardos daban por segura su victoria?
  • ¿Qué diferencia hay entre luchar en el torneo y atacar después a alguien que está solo?

Una mirada adulta

El relato convierte una derrota pública en una hostilidad duradera. Los leopardos cambian de lugar, pero conservan el orgullo herido y eligen blancos vulnerables. La explicación etiológica no equivale a una justificación moral de esas agresiones.

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