Dos hombres fingen comer frente a una mesa vacía.

Las mil y una noches · tradición de Oriente Medio · Cuento tradicional

El sexto hermano del barbero

El banquete que no estaba servido

5 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Schacabac, el sexto hermano de un barbero, perdió la pequeña herencia de su padre y tuvo que pedir ayuda para comer. Conservaba los buenos modales y una facilidad para conversar que a veces le abría las puertas.

Una tarde llegó a una mansión. Los servidores le dijeron que pertenecía a un barmécida, miembro de una familia famosa por su generosidad. Cuando pidió una limosna, lo invitaron a hablar directamente con el dueño.

Schacabac atravesó patios y salones hasta encontrar a un anciano de barba blanca. Le explicó que estaba sin recursos.

En un patio con fuente, Schacabac, con ropa remendada, se inclina con respeto ante un anciano de barba blanca.

—¿Cómo es posible que alguien pase hambre mientras yo vivo en Bagdad? —exclamó el señor.

Schacabac confesó que no había comido en todo el día. El anciano llamó a un servidor para que les llevara agua. No apareció nadie. Sin embargo, el anfitrión se frotó las manos como si acabaran de lavárselas.

—¿Y tú? Lávate también.

El visitante comprendió que se trataba de alguna broma y lo imitó. Después el señor pidió comida. Tampoco llegó ningún plato. Pero hizo el gesto de tomar un bocado y empezó a masticar.

—Come, por favor. Estás en tu casa.

Schacabac llevó la mano hasta un plato inexistente y probó un pedazo de nada.

—Este pan es excelente —dijo el anfitrión.

—No recuerdo haber probado uno mejor —respondió él, con el estómago vacío.

Fueron pasando los platos imaginarios. Cada uno tenía una salsa que admirar, una cocción perfecta o un perfume exquisito. Schacabac se sumó al juego sin perder la paciencia.

Finalmente, el anciano propuso beber vino. Su invitado se negó al principio, por sus creencias, pero terminó aceptando una copa tan invisible como la comida. El dueño fingió llenársela varias veces.

Entonces Schacabac decidió llevar la broma más lejos: simuló estar borracho y le dio un golpe en la cabeza. El señor cayó sorprendido.

—¡Te volviste loco!

Junto a una mesa vacía, el anciano mira sorprendido desde la alfombra mientras Schacabac finge estar borracho.

—Perdóname. Es culpa de ese vino tan fuerte.

El anciano soltó una carcajada. Había encontrado, dijo, al compañero que buscaba: alguien capaz de seguirle el humor. Esta vez llamó de verdad a los servidores. Llegaron los platos que habían imaginado, hubo música y Schacabac pudo comer hasta quedar satisfecho.

En un salón lleno de bandejas de comida y músicos, el anciano ríe abrazando a Schacabac, que por fin come pan.

Desde aquel día vivió en la casa, administró los asuntos de su anfitrión y fue tratado como amigo. Pasaron veinte años.

Pero el barmécida murió sin herederos. El príncipe se apropió de sus bienes, y quienes hicieron el reparto también despojaron a Schacabac de lo que era suyo. Volvió a quedar pobre.

Se unió a una caravana que viajaba a La Meca. En el camino los asaltaron y lo hicieron prisionero. Su captor lo maltrataba para obligarlo a pagar un rescate, aunque Schacabac repetía que no tenía dinero. Al fin, cansado de esperar, lo abandonó en una montaña desierta.

Delgado y agotado, Schacabac está sentado junto a una roca en una montaña desierta mientras a lo lejos pasa una caravana.

Una caravana que pasó por allí llevó la noticia a Bagdad. El barbero salió a buscar a su hermano, lo encontró y lo trajo de vuelta, muy debilitado.

En un camino de montaña, el barbero sostiene a su hermano debilitado y lo ayuda a llegar hasta un burro.

Después del banquete vacío, de veinte años de abundancia y de aquella última desgracia, Schacabac volvió a tener un lugar donde comer y descansar. Su hermano se ocupó de cuidarlo.

Fin

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Con chicos

Schacabac sigue una broma mientras tiene hambre. Después consigue una amistad larga, pero también la pierde y debe atravesar otra desgracia. Podemos reírnos de los platos invisibles y escuchar con otro ánimo las escenas que siguen.

  • ¿Qué cambia cuando por fin llega comida verdadera?
  • ¿Qué diferencias encuentras entre la ayuda del anfitrión y la del hermano?

Una mirada adulta

El banquete imaginario convierte el hambre de uno en diversión para quien podría saciarla. Schacabac lleva el juego hasta un golpe que atribuye al vino inexistente, y de esa complicidad nace una amistad duradera. Sin embargo, veinte años de pertenencia no aseguran protección tras la muerte del anfitrión. La abundancia dependía de una relación personal que el reparto de los bienes desconoce. El cuidado del hermano ofrece al final un refugio después de esa pérdida.

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