El Medio Pollo encuentra una pequeña naranja de oro entre las hojas del camino.

Chile · Colchagua · Ramón A. Laval (1923) · Cuento tradicional

El Medio Pollo

Cuentos de la colección de Ramón Laval

7 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Una gallina empolló veinte huevos. De diecinueve salieron pollitos; el último parecía haberse quedado a medio hacer. La gallina volvió a echarse encima y, al fin, nació un medio pollo, con una sola ala y una sola pata.

Lo cuidó con tanto cariño como a los demás. El Medio Pollo fue creciendo y ella fue envejeciendo, hasta que ya no pudo trabajar.

—Me voy a recorrer tierras, mamita —le dijo él—. Voy a buscar algo para que puedas descansar.

Frente a un gallinero de adobe, un pollito con una sola ala y una sola pata se despide de una gallina vieja que lo mira con cariño.

La gallina lo despidió, y el Medio Pollo salió a los saltitos. Pasó muchos días sin encontrar trabajo. Una mañana, mientras escarbaba entre unas hojas, descubrió una pequeña naranja de oro.

Pensó que, si se la llevaba de regalo al rey, quizá recibiría a cambio grano para su madre. La guardó debajo del ala y tomó el camino del palacio.

Primero se encontró con un arriero que regresaba con sus mulas. El río llevaba tanta agua que no se había animado a cruzarlo.

—Yo tengo que pasar —dijo el Medio Pollo.

—¿Y no podrías llevarnos?

El Medio Pollo abrió su buche, y allí se metieron el arriero y todas las mulas. Porque aquel pollo, aunque por fuera parecía la mitad de uno, por dentro tenía lugar para cosas imposibles.

Al llegar al río, miró la corriente. No podía volar con su única ala, de modo que se bebió toda el agua y atravesó el cauce seco.

Un pollito con una sola pata cruza a saltos el cauce pedregoso de un río que quedó completamente seco.

Un día después encontró a un tigre que descansaba sobre una piedra. Iba al palacio, pero estaba agotado. El Medio Pollo lo invitó a entrar también en su buche y siguió camino.

Más adelante hizo lo mismo con un león que ya no podía andar. Después vio a una zorra echada bajo unos árboles, muerta de hambre.

—Ven conmigo. A lo mejor el rey te da algo para comer.

La zorra se acomodó junto a los demás. El Medio Pollo llegó por fin al palacio y le ofreció la naranja de oro al rey.

En un salón de palacio, un pollito sostiene con su única ala una naranja de oro que un rey sonriente se inclina a recibir; dos pajes miran desde atrás.

El monarca recibió el regalo con gusto. Mandó que llevaran al visitante al gallinero y le sirvieran mucho trigo y maíz.

Pero apenas lo dejaron allí, los gallos, las gallinas y los pavos se le echaron encima a picotazos. El Medio Pollo se refugió en un rincón y dejó salir a la zorra. Ella se comió todas las aves y escapó hacia la cordillera. El pollo quedó solo y pudo comer el grano.

Por la mañana los pajes encontraron el gallinero vacío, salvo por aquel huésped. Corrieron a avisarle al rey, convencidos de que él se había comido a todos.

—Yo no puedo matar a quien me hizo un regalo —dijo el rey.

Uno de los pajes propuso dejarlo entre los caballos, donde seguramente moriría bajo sus patas. El rey aceptó, pero repitió que les prohibía matarlo.

Cuando los caballos empezaron a rodearlo, el Medio Pollo dejó salir al león. El león se comió a todos y se fue a la cordillera. A la mañana siguiente, los pajes encontraron al pollo cantando en una rama.

Al amanecer, tres pajes miran indignados hacia lo alto de un árbol, donde un pollito con una sola pata canta sobre un corral vacío.

Volvieron a quejarse. El rey volvió a decir que él no lo mataría. Esta vez lo encerraron en el potrero de las vacas.

El Medio Pollo tuvo tanto miedo que por un momento se olvidó del tigre que llevaba adentro. Pero el tigre salió de su escondite, se comió a las vacas y también huyó hacia la cordillera.

Los pajes ya no quisieron esperar.

—Señor, si lo dejamos vivo, va a comernos a nosotros.

—Les dije que no lo maten —contestó el rey.

—Entonces lo pondremos en el horno del pan.

Y lo metieron en el horno encendido. El Medio Pollo buscó un rincón cerca de la boca del horno, pero el calor ya empezaba a quemarle las plumas. La zorra, el león y el tigre se habían ido. ¿Quién podía ayudarlo ahora?

De pronto le sonaron las tripas. ¡Todavía llevaba adentro toda el agua del río!

La soltó de golpe. El agua apagó el fuego y salió del horno con tanta fuerza que ahogó a los pajes que venían a verlo. El Medio Pollo consiguió salir vivo.

Un torrente de agua sale con fuerza por la boca de un horno de barro entre nubes de vapor, y sobre la ola viaja un pollito con una sola pata.

Fue a despedirse del rey.

—Ya murieron los que querían matarme. Ahora quiero volver con mi mamá, que debe estar preocupada.

El rey repitió que les había prohibido hacerle daño. Después ordenó al mayordomo que le entregara todo el trigo de su depósito.

Era una cantidad enorme para llevarla solo. Entonces el Medio Pollo dejó salir al arriero y a sus mulas, que habían permanecido guardados durante todas aquellas aventuras. Cargaron el trigo y emprendieron el regreso.

Al llegar, el arriero y el Medio Pollo hicieron dos montones exactamente iguales: uno para cada uno. La gallina se alegró de volver a ver a su hijo. Con el trigo que él había traído, ya no tuvo que trabajar nunca más.

En un patio de campo, un arriero vacía un saco de trigo junto a dos montones iguales; al lado, un pollito con una sola pata y una gallina vieja se abrazan.
Fin

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Detrás de esta historia.

Un cuaderno abierto y una rosa roja junto a una ventana con ramas de naranjo cargadas de fruta.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador

Ramón A. Laval

Ramón Arminio Laval reunió y estudió relatos de la tradición oral chilena. Su libro Cuentos populares en Chile (1923) conserva voces, lugares y expresiones de quienes contaban esas historias. De allí provienen los doce cuentos de esta selección: encuentros con la Calchona,...

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Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

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Con chicos

El Medio Pollo va guardando compañeros de viaje y cada uno sirve para algo distinto. Al final, el arriero también es necesario: sin las mulas, no podrían llevar el trigo de vuelta.

  • ¿Qué ayudante te acordabas de que seguía adentro cuando apareció el horno?
  • ¿Por qué te parece importante que el trigo se reparta en dos montones iguales?

Una mirada adulta

El relato contrapone la ayuda que circula entre viajeros con una hospitalidad real cada vez más peligrosa. El rey repite una prohibición mientras permite acciones que buscan el mismo resultado. La desmesura corporal y la violencia acumulativa sostienen una sátira que no termina hasta el reparto y el regreso.

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