El galápago, con un pañuelo en la cabeza, viaja sobre el teyú ensillado.

Brasil · Sergipe · Sílvio Romero (1885) · Cuento tradicional

El galápago y el teyú

Cuentos de la colección de Sílvio Romero

3 min de lectura10+ años · edad orientativa
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Una yaguareté tenía una hija. El teyú, un lagarto, quería casarse con ella. El galápago también.

Al enterarse de su rival, el galápago fue a casa de la yaguareté y dijo que el teyú no valía nada, que hasta le servía de caballo. El lagarto oyó la noticia y se presentó indignado ante la misma familia.

A la entrada de una cueva entre rocas, el galápago levanta la cabeza y una pata como presumiendo, mientras dos yaguaretés lo escuchan.

—Voy a traerlo para darle una paliza delante de todos.

Salió a buscarlo. El galápago lo vio acercarse y corrió a meterse en su casa. Se ató un pañuelo en la cabeza y fingió estar enfermo.

El teyú lo invitó a ir de visita a casa de la yaguareté, sin confesar lo que pensaba hacer. El galápago respondió que aquel día no podía caminar. Después de mucha insistencia, propuso:

Dentro de un tronco hueco, el galápago con un pañuelo en la cabeza finge estar enfermo mientras el teyú lo mira desde la entrada.

—Llévame sobre el lomo.

—Bueno, pero te bajas lejos de la puerta.

—Sí. Solo déjame poner una monturita. Así, sin nada, queda muy feo.

—¡No soy tu caballo!

—No digo que lo seas. Es para ir mejor sentado.

El teyú terminó aceptando. Después vino el pedido de la brida, con nuevas protestas y nuevas excusas. El galápago consiguió acomodar todos los arreos y se preparó también con látigo y espuelas.

El galápago, con su pañuelo, ajusta una monturita sobre el lomo del teyú, que ya lleva brida y lo mira indignado.

Partieron. Antes de llegar, el lagarto le pidió que bajara y retirara la montura: no quería que lo vieran haciendo de caballo.

—Un poquito más, amigo. Me siento tan mal que no llegaría caminando.

Con esa excusa lo hizo avanzar hasta la misma puerta. Allí le dio con el látigo y las espuelas y llamó a los de adentro:

—¡Vengan a ver! ¿No les dije que el teyú era mi caballo?

Frente a la cueva, el galápago montado sobre el teyú agita el látigo mientras las dos yaguaretés se ríen y el teyú baja la cabeza avergonzado.

Todos se rieron. El galápago, triunfante, invitó a la hija de la yaguareté a subir detrás de él para ir a casarse. Así ocurrió, mientras el teyú quedaba lleno de vergüenza.

Fin

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Con chicos

El teyú quiere demostrar que una mentira es falsa. Pero cada pequeño permiso que concede ayuda al galápago a fabricar una escena que parece confirmarla.

  • ¿Qué condición pone el teyú al principio y cómo se pierde?
  • ¿Qué sabe quien lee que los espectadores de la casa no saben?

Una mirada adulta

El engaño no demuestra que la burla original fuera verdadera: produce una imagen que puede ser tomada como prueba. La presencia de público es decisiva. El matrimonio funciona como premio en la lógica del cuento, mientras la voz de la hija permanece ausente.

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