Un campesino conserva las mazorcas mientras el diablo recibe raíces y puntas del maíz.

Chile · Chile · Ramón A. Laval (1923) · Cuento tradicional

El diablo y el campesino

Cuentos de la colección de Ramón Laval

3 min de lectura7+ años · edad orientativa
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El diablo le propuso a un campesino que trabajaran juntos durante tres años. Él pondría el terreno y el hombre pondría las semillas. Al terminar el plazo, el campo quedaría para el campesino.

—¿Y cómo vamos a repartir la cosecha? —preguntó el hombre.

—Yo me llevo lo que crezca encima de la tierra. Tú te quedas con lo que haya debajo.

Junto a un campo recién arado, el diablo propone un trato señalando hacia arriba mientras el campesino piensa con una sonrisa astuta.

El campesino aceptó y sembró papas.

Cuando llegó la cosecha, al diablo le tocaron las matas. El hombre sacó las papas de la tierra y se las llevó. Su socio se quedó mirando las hojas, furioso.

El campesino llena una canasta de papas mientras el diablo, furioso, sostiene un montón de hojas.

—Este año lo haremos al revés —dijo—. Será mío todo lo que crezca debajo de la tierra. Para ti quedará lo de arriba.

El campesino sembró sandías y melones. Los cuidó durante la temporada y, cuando maduraron, los juntó. El diablo vino a buscar su parte y solo encontró raíces.

En primer plano, el diablo mira unas raíces secas; detrás, el campesino descansa junto a una carreta llena de sandías y melones.

Esta vez pensó largo rato antes de decidir.

—En el tercer año me quedaré con lo de arriba y con lo de abajo. Tú recibirás lo que crezca en el medio.

El campesino sembró maíz. A la hora de repartir, las raíces quedaron para el diablo, y también las puntas de las plantas. Las mazorcas, que crecían en el medio del tallo, fueron para el hombre.

Se habían cumplido los tres años y el diablo no había conseguido una sola buena cosecha para llevarse.

—Me ganaste —gruñó—. El campo es tuyo. ¡Pero ya nos volveremos a ver!

Se fue con su enojo. El campesino se quedó en la tierra que había trabajado y que, según el trato, ahora le pertenecía.

El diablo se aleja enojado por un camino entre álamos mientras el campesino, apoyado en su azada, mira sus campos al atardecer.
Fin

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Detrás de esta historia.

Un cuaderno abierto y una rosa roja junto a una ventana con ramas de naranjo cargadas de fruta.
Ilustración de su mundo literario

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Ramón A. Laval

Ramón Arminio Laval reunió y estudió relatos de la tradición oral chilena. Su libro Cuentos populares en Chile (1923) conserva voces, lugares y expresiones de quienes contaban esas historias. De allí provienen los doce cuentos de esta selección: encuentros con la Calchona,...

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Con chicos

El diablo cambia la regla cada año. El campesino la escucha y piensa qué planta le conviene sembrar. Para seguir el cuento ayuda imaginar dónde crece la parte que comemos.

  • ¿Qué le toca a cada uno cuando cosechan las papas?
  • ¿Por qué las mazorcas resuelven el último reparto?

Una mirada adulta

Los dos socios aportan cosas distintas, pero solo uno conoce cómo funcionan los cultivos. Las reglas espaciales parecen cada vez más favorables al diablo y terminan destacando el saber práctico del campesino. El cierre convierte tres cosechas en acceso permanente a la tierra.

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