El cazador abre la red y deja salir a Mbindi mientras espera la llegada de Bwinge.

Camerún · Batanga · transmisión banâkâ · Cuento tradicional

A la espera de Bwinge

Relatos de la colección de Robert Hamill Nassau

3 min de lectura15+ años · edad orientativa
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Un cazador era muy pobre. No tenía bienes para comprar una esposa, como plantea esta antigua historia, y un día salió al bosque a colocar trampas.

A la mañana siguiente fue a revisarlas. En una encontró a Mbindi, Cabra Salvaje, atrapada.

—¡Hoy voy a comer a Mbindi! —exclamó, contento.

Pero la cabra le habló:

—Déjame ir. Después va a venir Bwinge.

Bwinge podía sonar como el nombre de alguien, pero también significaba abundancia, o más. El cazador creyó que la cabra le prometía la llegada de un animal mejor. La soltó y regresó a su poblado.

Al otro día volvió para ver si Bwinge había caído. Encontró a Ngweya, Cerdo, bien sujeto en la red.

—¡Hoy voy a comer a Ngweya!

—Déjame ir —pidió Cerdo—. Bwinge está por venir.

El cazador volvió a imaginar algo mejor, o muchos animales en lugar de uno solo. Soltó a Ngweya y lo vio alejarse.

En un sendero de la selva, el cazador sostiene la red y mira alejarse a un cerdo rojizo.

—¿Qué será esa cosa que llaman Bwinge? —se preguntó.

Pasó otro día y el cazador fue de nuevo a ocuparse de su trampa. Esta vez había caído un niño de muy baja estatura. Al verlo, el hombre se enfureció.

—¿Tú eres el que hizo que dejara escapar a los animales? ¿Tú eres Bwinge? ¡Voy a matarte!

Un niño pequeño sentado junto a la red vacía mira con calma al cazador, que se lleva las manos a la cabeza.

—No me mates —respondió el niño—. Voy a llamar a Ungumba para ti.

Ungumba era la riqueza. El cazador le ordenó que la llamara enseguida.

El niño tenía poderes mágicos. Dijo:

—¡Que vengan armas!

Y las armas aparecieron.

—¡Sigue llamando, rápido! —exigió el hombre.

El niño llamó a mujeres, y las mujeres llegaron. Después el cazador volvió a darle una orden:

—¡Ahora llama a las cabras!

También las cabras acudieron, junto con muchas otras cosas. El hombre vio que por fin tenía delante la abundancia que había esperado. Entonces liberó al niño.

En un claro de la selva, el niño levanta el brazo y aparecen cabras, lanzas, telas y vasijas ante el cazador asombrado.

—Vete —le dijo.

El cazador regresó con todo lo reunido y pasó a ser un hombre rico e importante. La narración antigua atribuye esa fortuna a la paciencia con que había esperado que llegara Bwinge.

El cazador entra a su poblado al frente de un rebaño de cabras mientras los vecinos lo miran sorprendidos.
Fin

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Robert Hamill Nassau reunió y tradujo al inglés los cuentos de «Where Animals Talk», publicado en 1912. Trabajó con narradores de Libreville, Corisco y Batanga, a través de relatos orales y textos escritos en lenguas locales. Los prólogos distinguen las contribuciones mpongwe,...

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Con chicos

Esta versión está destinada a lectores desde los 15 años. El cazador espera, pero también amenaza a alguien para conseguir lo que quiere. Además, cuenta a mujeres entre sus riquezas. Ninguno de esos actos se vuelve justo porque el final lo deje satisfecho.

  • ¿Qué imagina el cazador cada vez que escucha la palabra Bwinge?
  • ¿Qué partes del desenlace quedan fuera cuando se lo explica solamente como premio a la paciencia?

Una mirada adulta

El equívoco verbal organiza dos renuncias voluntarias y un tercer encuentro coercitivo. La glosa histórica premia la espera, aunque la escena decisiva contiene una amenaza y la disponibilidad mágica de personas como bienes. Conservar esas fricciones permite leer el relato sin adoptar su contabilidad patriarcal.

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