La joven borda un águila junto a las perlas y al anciano que sostiene una jarra en la cabaña.

Ucraniana · antología de Erben, mediación inglesa de Wratislaw · Relato tradicional

La joven de las lágrimas de perla

Ucraniana · adaptación de fuente histórica

5 min de lectura14+ años · edad orientativa
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En una casita del bosque vivían un hombre y una mujer sin hijos. Fueron en peregrinación a pedirle a Dios una criatura y tuvieron una niña que creció sana.

Un príncipe que cazaba por allí mandó a su criado a pedir agua. Cuando el hombre entró en la casa, la niña lloraba: de sus ojos caían perlas. Su madre la consoló y, al sonreír ella, brotaron flores de toda clase.

El criado salió a contárselo al príncipe. Este entró y molestó a la pequeña para hacerla llorar. Cuando vio caer las perlas, pidió a la madre que la calmara; así pudo ver también las flores de su sonrisa.

Una niña que llora perlas empieza a sonreír y brotan flores mientras un príncipe la mira maravillado.

Desde entonces, siempre que salía de caza, pasaba por la casita. La niña creció hasta ser una joven que bordaba pañuelos con águilas. Un día el príncipe pidió su mano al padre.

El emperador protestó al enterarse:

—¿Perdiste el juicio? ¿Quieres casarte con una campesina?

El príncipe le mostró uno de sus pañuelos bordados. El emperador, admirado, dio una palmada y aceptó el casamiento.

Un príncipe muestra un pañuelo bordado con un águila a su padre, que aplaude admirado.

Llevaron a la joven hacia palacio. Entre los acompañantes había una anciana con su hija. Cuando el príncipe se detuvo para disparar a una presa, la anciana despojó a la prometida, le arrancó los ojos y la arrojó a una cueva abierta en la tierra. Vistió a su propia hija con la ropa robada. El príncipe no reconoció la sustitución y se casó con ella.

Alrededor de la cueva crecían muchos arbustos. Un viejo que juntaba leña encontró a la joven ciega, sentada ante un montón de perlas que había llorado.

Una joven de ojos cerrados está sentada junto a una cueva entre perlas mientras un anciano con leña se inclina hacia ella.

—Llévame contigo, buen hombre —le pidió—. Y recoge estas joyas.

Él la condujo a su casa. Vivía con su mujer y tampoco tenían hijos. La joven le indicó que pusiera las perlas en una bolsa y fuera a venderlas a la ciudad.

—Si cierta anciana te las quiere comprar, no le pidas dinero. Dile: «Dame lo que llevas encima».

El viejo fue al pueblo y encontró a la anciana. Ella quiso comprarle las joyas.

—¿Cuánto pides?

—Dame lo que llevas encima.

Un anciano ofrece perlas en un mercado a una mujer que duda mientras busca en su bolsa.

La mujer le entregó uno de los ojos robados. Cuando el viejo volvió, la joven recuperó ese ojo y pudo empezar a bordar un pañuelo.

Él llevó otra partida de perlas a la ciudad. La anciana volvió a quererlas y el viejo pidió otra vez lo que llevaba encima. Así obtuvo el segundo ojo. Con la vista recuperada, la muchacha bordó todavía mejor.

Un día el viejo contó que habría una comida en el palacio del emperador.

—Ve —le dijo ella—. Lleva una jarra y pide un poco de sopa para mí.

Antes de que saliera, le ató al cuello un pañuelo que había bordado. El príncipe lo vio en el banquete y lo llamó.

—¿De dónde vienes, viejo?

—De aquella granja. En casa también vive una muchacha. ¿Podrías darme algo de comida para ella en esta jarra?

—¿Y ese pañuelo de dónde salió?

—Lo bordó la joven que encontré en una cueva.

El príncipe reconoció la labor al instante.

En un banquete, un príncipe se pone de pie y señala el pañuelo que un anciano con una jarra lleva al cuello.

—¡Es ella! ¡Es ella!

A la hija de la anciana la mandó a cuidar cerdos. Y ahí termina el cuento.

Fin

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Otro cuento no leído al azar

Detrás de esta historia.

Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

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Con chicos

Para conversar con chicos

El viejo escucha a la joven y hace lo que ella le pide. Ella no solo espera: prepara los intercambios y el pañuelo que permitirá reconocerla.

  • ¿Qué habría pasado si el viejo hubiera vendido las perlas por dinero sin escucharla?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

El príncipe primero provoca el llanto de una niña para comprobar su don y más tarde no reconoce a su prometida. La reparación depende de la joven y de un hombre ajeno a la corte. El cierre castiga a la sustituta, pero no informa qué ocurre con su madre.

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