La Osa observa con los ojos abiertos dos platos, uno abundante y otro con sobras, dentro de la vivienda.

Nordeste de América del Norte · Mi’kmaq · Relato tradicional

La osa que volvió a ver

Relatos wabanaki · testimonio histórico de 1884

5 min de lectura14+ años · edad orientativa
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La vieja Osa confiaba en todo el mundo. Compartía una vivienda apartada con otra mujer; los vecinos estaban tan lejos que casi no podían llamarse vecinos.

Una noche encendieron el fuego y se acostaron a ambos lados, con las cabezas hacia extremos opuestos y las espaldas cerca del calor.

Mientras dormían, Lox, el Glotón, pasó merodeando. Algunos contaban que había sido el Mapache, pero en esta versión las huellas eran de Lox.

Se asomó y encontró una oportunidad para hacer daño. Cortó una vara larga, calentó una punta hasta convertirla en una brasa y tocó con ella las plantas de los pies de la Osa.

De noche, en una vivienda de corteza, un glotón asoma por la entrada y acerca una vara encendida a los pies de una osa dormida junto al fuego.

—¡Cuidado! ¡Me estás quemando! —gritó ella a su compañera al despertarse.

La otra lo negó a gritos.

Lox acercó entonces la punta caliente a los pies de la segunda mujer. Primero ella soñó que caminaba por arena ardiente y rocas de verano; después, que unos enemigos la quemaban. Se despertó y acusó a la Osa.

Las dos empezaron a pelear. Lox se rio tanto que reventó de risa y cayó muerto.

Junto al fuego, la osa y la mujer discuten acusándose mutuamente mientras el glotón se ríe a escondidas en la entrada.

A la mañana siguiente las mujeres encontraron su cuerpo junto a la puerta. Esta vez parecía un mapache. Lo desollaron, prepararon una olla con agua y lo pusieron a cocinar.

Pero apenas el agua lo escaldó, empezó a volver a la vida. En un instante estaba entero y sano. Saltó fuera de la olla, corrió a buscar la piel que habían colgado en un arbusto, se la puso y escapó al bosque.

Incluso en esa huida tuvo tiempo de hacer otra maldad. Al saltar, pateó la olla: el agua hirviendo cayó sobre el fuego y levantó una nube de cenizas. Las cenizas entraron en los ojos de la Osa y la dejaron ciega.

Un mapache escapa de un salto por la puerta tras volcar la olla, y una nube de cenizas se levanta del fuego mientras la osa se cubre los ojos.

Desde entonces no pudo salir a cazar, poner trampas ni pescar. Su compañera aprovechó la situación. Aunque tenían buenos alimentos, guardaba para sí los mejores pedazos y le daba a la Osa solo carne magra y restos.

La osa, con los ojos cerrados, recibe un plato de huesos y sobras mientras la mujer esconde a su espalda un cuenco con la mejor comida.

Un día, a solas en la vivienda, la Osa recordó historias sobre ojos que se habían cerrado y podían abrirse de nuevo. Tomó un cuchillo e intervino sobre los suyos. En la curación fantástica de este cuento, volvió primero a distinguir la luz y después recuperó por completo la vista.

Lo primero que vio fue una abundancia de carne de venado, pescado y azúcar de arce colgando sobre su cabeza.

No dijo nada. Observó a su compañera cocinar una comida deliciosa y repartirla: todo lo bueno fue a un plato, mientras huesos y sobras quedaron en otro.

Cuando la llamó a comer, la Osa miró ambos platos.

—¡Qué bien te serviste!

La mujer comprendió que podía ver. Se asustó, porque la Osa era mucho más fuerte que ella.

—¡Qué error cometí! Te di el plato equivocado. Tú sabes, hermana, que siempre te doy lo mejor porque eres ciega.

Desde aquel día, concluye la voz del relato, la Osa mantuvo los ojos abiertos sobre las personas de dos maneras. Y quien lo cuenta recuerda que su abuelo decía esa frase y quienes lo escuchaban siempre se reían.

Fin

¿Una historia para recordar?

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¿Seguimos con otra?

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Detrás de esta historia.

Imagen simbólica: Un libro abierto ante una costa de bosque, con una canoa pequeña y varias hojas separadas que sugieren fuentes distintas.
Ilustración de su mundo literario

Recopilador y editor de la fuente inglesa

Charles Godfrey Leland

Charles Godfrey Leland reunió The Algonquin Legends of New England, publicado en 1884. El libro recoge relatos mi’kmaq, passamaquoddy y penobscot por medio de narraciones, manuscritos y colaboradores identificados. Leland seleccionó y reelaboró ese material; algunos capítulos combinan versiones o declaran cambios....

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Para reflexionar

Ideas para compartir una vez que termina la historia.

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Con chicos

Para conversar con chicos

La Osa necesita ayuda y su compañera usa esa necesidad para quedarse con lo mejor. Podemos hablar de qué hace que un cuidado sea confiable. La curación del cuento es imposible y peligrosa de imitar: los ojos lastimados necesitan atención de una persona adulta y de profesionales.

  • ¿Qué descubre la Osa al observar sin hablar?
  • ¿Cómo se podría repartir la comida de manera justa mientras alguien necesita ayuda?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

El relato enlaza una agresión externa con un abuso doméstico sostenido. Recuperar la vista permite descubrir la desigualdad, pero la excusa final no constituye reparación. La adaptación conserva la curación fantástica sin reproducirla como procedimiento y evita adoptar los reproches de la voz histórica a la confianza de la víctima.

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