El enorme pájaro blanco Wuchowsen abre las alas sobre una roca entre nubes y viento.

Nordeste de América del Norte · Peskotomuhkati · Relato tradicional

Glooskap y el pájaro del viento

Relatos wabanaki · testimonio histórico de 1884

3 min de lectura8+ años · edad orientativa
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Muy al norte, sobre una gran roca al final del cielo, vivía Wuchowsen, el enorme pájaro blanco al que llamaban el que hace soplar el viento. Cada vez que movía las alas, el viento recorría el mundo.

Glooskap solía salir en su canoa con arco y flechas para cazar aves marinas. Pero durante muchos días sopló un viento cada vez más fuerte, hasta que llegó una tempestad y ya no pudo salir.

—Esto lo hizo Wuchowsen —dijo.

En una playa rocosa azotada por la tormenta, Glooskap mira hacia el norte junto a su canoa volcada, con el pelo agitado por el viento.

Viajó mucho hasta encontrarlo sobre su roca.

—Abuelo, no tienes compasión de tus nietos. Este viento y esta tormenta son demasiado. Mueve las alas con más suavidad.

El pájaro gigante respondió:

—Estoy aquí desde los tiempos más antiguos. Antes de que hablara cualquier otro ser, moví las alas. La primera voz fue la mía. Y voy a seguir moviéndolas como quiera.

Glooskap creció hasta alcanzar las nubes. Tomó al gran pájaro como si fuera un pato, le ató las dos alas y lo arrojó a una grieta entre rocas profundas. Allí lo dejó.

Glooskap, gigantesco entre las nubes, sostiene al enorme pájaro blanco como a un pato y le ata las alas.

Ahora la gente podía navegar todo el día. El aire quedó inmóvil durante semanas y meses. Pero las aguas también se quedaron quietas. Se estancaron y se volvieron tan espesas que Glooskap ya no podía avanzar con su canoa.

En una bahía inmóvil de agua espesa y verdosa, Glooskap intenta avanzar con su canoa, pero el remo apenas se mueve.

Entonces se acordó de Wuchowsen y volvió a buscarlo.

Lo encontró tal como lo había dejado: el gran pájaro no podía morir. Glooskap lo levantó, lo puso otra vez sobre su roca y le desató una sola ala.

Sobre la roca, Glooskap desata una de las alas del gran pájaro blanco, que la despliega suavemente.

Desde entonces, dice el cuento, los vientos nunca volvieron a ser tan terribles como en aquellos primeros tiempos.

Fin

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Con chicos

Para conversar con chicos

Glooskap consigue detener la tormenta, pero después descubre otro problema. A veces resolver algo por completo cambia más cosas de las que imaginamos. El cuento permite observar qué pasa con el agua cuando ya no hay viento.

  • ¿Qué mejora al principio y qué empeora después?
  • ¿Por qué la segunda decisión es distinta de la primera?

Una mirada adulta

Para una lectura adulta

La inmovilidad parece primero una victoria y luego se revela inhabitable. El relato no termina en una reconciliación entre iguales: Glooskap conserva el poder de decidir cuánto puede moverse Wuchowsen. El equilibrio alcanzado nace de corregir una medida extrema, sin que desaparezca la coerción.

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