Un sastre cose a la luz de una vela mientras un gigante emerge en la iglesia de Saddell.

Tradición de Kintyre, Escocia, en la versión de Joseph Jacobs · Cuento tradicional

El sastre de la iglesia de Saddell

Una puntada antes del siguiente paso

4 min de lectura9+ años · edad orientativa
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Macdonald, el señor del castillo de Saddell, necesitaba una prenda de abrigo, de esas que se confeccionaban en una sola pieza. Contrató a un sastre y le propuso un trato: si la terminaba de noche, dentro de la vieja iglesia, recibiría una recompensa muy buena.

Todos decían que aquella iglesia estaba encantada. El sastre también lo había oído. Pero tenía ganas de ganar el dinero y aceptó.

En el salón del castillo, el señor Macdonald le ofrece una pieza de lana al sastre y señala por la ventana la iglesia en ruinas.

Al anochecer subió por el valle con la tela, el hilo y sus herramientas. Eligió una lápida para sentarse, encendió una vela, se puso el dedal y comenzó a coser.

Durante un rato solo se oyó el movimiento de la aguja. Después el piso empezó a temblar.

Entre las piedras apareció una cabeza gigantesca. El sastre levantó la vista, aunque no dejó de mover las manos.

—¿Ves esta cabeza enorme que tengo? —retumbó una voz.

—La veo, pero sigo cosiendo esto —contestó el sastre.

La cabeza subió un poco más y dejó a la vista un cuello descomunal.

—¿Ves este cuello enorme que tengo?

—Lo veo, pero sigo cosiendo esto.

La aguja entraba y salía de la tela. El gigante siguió emergiendo hasta mostrar los hombros y el pecho.

—¿Ves este pecho enorme que tengo?

—Lo veo, pero sigo cosiendo esto.

Entonces aparecieron los brazos. El monstruo los sacudió delante de la cara del sastre, que ya cosía todo lo rápido que podía.

—¿Ves estos brazos enormes que tengo?

—Los veo, pero sigo cosiendo esto.

Una pierna salió del suelo y golpeó las baldosas. El gigante volvió a preguntar, y el sastre volvió a responder. Pero ahora sus puntadas eran más largas: calculaba cuánto le faltaba a él y cuánto le faltaba al otro para poder correr.

Cuando el gigante empezó a sacar la segunda pierna, el sastre terminó la última costura. Apagó la vela, saltó de la lápida y salió con el traje bajo el brazo.

El sastre salta de la lápida con la prenda bajo el brazo mientras, detrás, un gigante enorme termina de salir del suelo de la iglesia.

El monstruo rugió y fue detrás de él.

Bajaron por el valle a toda velocidad. El gigante le ordenaba que se detuviera, pero el sastre tenía ventaja y unas piernas ligerísimas. Llegó al castillo, cruzó la entrada y cerró el portón.

De noche, el sastre cruza el portón del castillo y lo cierra mientras la silueta del gigante se acerca corriendo por el valle.

Un instante después, el perseguidor golpeó la pared de arriba y dejó la marca de sus cinco dedos. Dicen que todavía puede verse si uno mira con atención.

Macdonald pagó la recompensa. Revisó la prenda y quedó satisfecho: nunca notó que, cerca del final, algunas puntadas habían quedado bastante largas.

En el patio del castillo, Macdonald admira la prenda y le paga al sastre; en lo alto del muro se ve la marca de cinco dedos enormes.
Fin

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Ilustración simbólica de Joseph Jacobs: una barca de cristal sobre páginas ilustradas, una cinta roja, flores y un lápiz.
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Joseph Jacobs

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Con chicos

El sastre responde siempre lo mismo, pero sus manos cambian de velocidad. No se queda a enfrentar al gigante cuando termina el trabajo: aprovecha la ventaja para escapar. Las últimas costuras guardan una señal de lo que pasó.

  • ¿Qué está calculando el sastre mientras el gigante sale del suelo?
  • ¿Por qué las puntadas del final son distintas?

Una mirada adulta

La repetición permite que el miedo crezca sin detener la acción del protagonista. Su aplomo no significa ausencia de urgencia: el cuerpo y el trabajo registran el peligro. El remate traslada la aventura sobrenatural a un pequeño defecto que el cliente no advierte.

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