Una pava real planta huesos de ciruela mientras un chacal cava junto a unos huesos de cabrito.

Punjab · Colección de Steel · Cuento tradicional

El chacal y la pava real

Cuentos de la colección de Flora Annie Steel

3 min de lectura12+ años · edad orientativa
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Un chacal y una pava real se prometieron amistad para siempre. Comían juntos todos los días y pasaban horas conversando.

Una vez, ella llevó ciruelas jugosas y él, un cabrito. Después del almuerzo, la pava real escarbó la tierra y plantó los huesos de las ciruelas en una hilera.

Un chacal echado y una pava real conversan amistosamente a la sombra de un árbol junto a un campo.

—Mi madre me enseñó a no desperdiciar —explicó—. De aquí saldrán árboles. Aunque yo no llegue a verlos, sus frutos alimentarán a otros pavos reales.

El chacal se sintió menos importante ante aquel discurso. Para no quedarse atrás, aseguró:

—Yo hago lo mismo con los huesos.

Cavó otro pedazo de tierra y enterró los del cabrito, bien separados.

Desde entonces iban juntos a mirar sus parcelas. Los huesos de ciruela dieron brotes verdes. Los huesos del cabrito no mostraron cambio alguno.

—Los huesos tardan bastante en germinar —dijo el chacal, tratando de parecer tranquilo—. A veces pasan meses.

—Y a veces años —contestó la pava real con ironía.

Junto a una hilera de brotes verdes, la pava real mira con burla al chacal, que se sienta rígido al lado de una parcela de tierra desnuda.

Con el tiempo, las plantas crecieron. Ella se burlaba cada vez más y él se enfurecía cada vez más. Finalmente los árboles florecieron y dieron fruta.

Una tarde, la pava real se sentó a comer ciruelas maduras. El chacal no había conseguido cazar nada y estaba hambriento.

—¡Cómo tardan tus huesos! —se rio ella—. Pero cuando broten, ¡qué cosecha vas a tener!

Él apretó los dientes. La pava real siguió:

—Pobre amigo, quizá te mueras de hambre antes de recogerla. Qué lástima que mientras tanto no puedas comer ciruelas.

Bajo ciruelos cargados de fruta, la pava real come y se burla del chacal hambriento, que la mira fijo con los dientes apretados.

—Si no puedo comer ciruelas, puedo comerme a quien las come —respondió el chacal.

Se abalanzó sobre ella y la devoró.

Fin

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Con chicos

El chacal afirma algo que no sabe para no sentirse menos. La pava real usa su acierto para burlarse. Nada de eso hace justo el ataque final.

  • ¿Qué podría haber dicho el chacal al ver que los huesos no brotaban?
  • ¿Cómo cambia la conversación entre la primera comida y la última?

Una mirada adulta

La siembra abre un horizonte de cuidado hacia seres futuros, mientras la competencia destruye el vínculo presente. El chacal imita para sostener una imagen de sí mismo; la pava real transforma su ventaja en una humillación repetida. El crecimiento de los árboles hace cada vez más visible la mentira y más difícil abandonarla. La vergüenza desemboca en violencia, sin justificarla. El desenlace descubre la fragilidad de una amistad que confundió el afecto con la necesidad de imponerse.

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